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Gente sin rumbo

Fernando Colina.

Hace tiempo que los ideales sobre el modo de diseñarse han ido languideciendo. El cuidado de uno mismo se ha volcado en el aspecto físico, tanto estético como de salubridad. Hablarle a alguien de que cuide su alma resulta bastante ridículo y, además, ya no existe un lenguaje común para entenderse sobre estos aspectos. Más bien no hay lenguaje. Si uno siente la necesidad, porque le duele el espíritu o se nota víctima de un desequilibrio, prefiere refugiarse en la religión, donde todo se lo dan hecho, o ponerse en manos de un psicólogo, que va a orientarle y a decidir por él.
En la escuela ya sólo se aprenden saberes pero no te enseñan a ser. Hoy en la calle uno aprende lo que quiere tener o a quien le gusta imitar, pero poco que suene a lo que se debería hacer.
Por el contrario, se nos advierte sobre la creciente patología de gentes sin rumbo, de personas que han enfermado porque no saben de dónde vienen ni a dónde van, que han perdido completamente la capacidad de meditar.

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2018-05-17T18:41:35+00:00