“Acabo de leer este artículo sobre la envidia, y me gustaría hacer algunos comentarios:”

A raiz de este artículo publicado en  El Pais, bajo el titulo:  La envidia y el cerebro del envidioso, el profesor Gonzalo Hervás,  se decició a abrir un hilo en su Twitter, para recoger algunos comentarios sobre la envidia.

El primero, acerca del título: “La envidia y el cerebro del envidioso”. Incluye el cerebro en el título (¿para justificar su aportación?), pero en el texto no aparece referencia alguna a procesos cerebrales. Lógico: muy poco tiene que decir (aún) la neurociencia sobre la envidia.

Algo similar sucede cuando se habla de la neurofelicidad. Al final, tras esa etiqueta hablan de psicología de la felicidad (o del bienestar psicológico). Cuando lo neuro aporte descubrimientos de interés en un tema concreto será útil hablar de ello, pero de momento,es innecesario e implica tratar de reducir la psicología a la neurociencia cuando no es así, son dos planos de análisis distintos. Y para según que temas, el plano psicológico es mucho más relevante y explicativo (al menos de momento).

El segundo comentario es acerca de la imagen negativa de la envidia que transmite el artículo, como si se recomendara tratar de erradicarla. En mi opinión es al revés. La envidia hay que comprenderla de una forma constructiva, para así poder aceptarla como el resto de emociones.Para ello, hay que verla como una reacción del organismo que trata de activar nuevas metas que vemos que otros han conseguido y generar motivación para lograrlas (para reducir el malestar de la comparación). El problema viene cuando junto con al envidia aparecen sentimientos de impotencia y/o inferioridad, a menudo tras concluir que no tenemos la capacidad o el talento para alcanzar dicha meta. En ese caso, hay dos opciones..

Se acepta la situación, se reconoce el talento de la otra persona y entonces la envidia se tranforma en admiración.  Se trata de reducir el malestar de formas poco edificantes. Y ahí sí, el artículo repasa las más habituales (p.ej. criticar, devaluar, sabotear etc.)

En resumen.

La envidia es una emoción más, y como todas, no debemos rechazarla una vez se ha activado. Como el resto de emociones trata de trasladarnos algún mensaje de utilidad y activar una predisposición a una acción. Si nos ha generado problemas en algun momento, ¿debemos tratar de eliminarla? Al contrario, debemos aceptar su presencia, interpretarla de forma precisa, y aprender a afrontar mejor los sentimientos de inferioridad que pueden activarse.

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