Los riesgos sociales se incrementan por la COVID-19 y golpean a toda la sociedad, pero con más fuerza a las personas más excluidas.

Según datos de la Encuesta Condiciones de Vida 2019, mejora continuamente la relación del conjunto de los hogares con el empleo: disminuye en los últimos años la tasa de hogares con baja intensidad en el empleo, alcanzando el 10,8%[1]. En paralelo, sigue la tendencia de reducción de los datos de pobreza, en particular de la tasa de pobreza severa (30% de la mediana de ingresos), alcanzando el 5,5% de hogares en 2019. Parece darse, por tanto, cierta correlación entre ambas variables.

No obstante, llama la atención cómo estos datos arrojados por el INE dan cuenta de una tendencia que entra en contradicción con nuestro análisis de los hogares atendidos por Cáritas, que se encuentran en situación de exclusión grave.

Nuestro análisis de los últimos seis años a través de las encuestas EINSFOESSA 2013 y EINSFOESSA 2018, así como del impacto de la COVID entre las familias más excluidas que Cáritas atiende (ORSCOVID1CARITAS 2020)[2], nos confirma una de las conclusiones importantes del VIII Informe FOESSA: por un lado, el empeoramiento y polarización de la parte de la población de nuestra sociedad que está más excluida; y por otro, el desacoplamiento del empleo y la pobreza como un indicador clave de la natu­raleza multidimensional de la exclusión social.

Ese mantra que la mejor respuesta ante la pobreza es el empleo no se cumple si nos fijamos en las personas en situación de exclusión grave. Tal y como puede verse en el siguiente gráfico, hay un evidente desacoplamiento entre empleo y pobreza. Ya antes de la crisis generada por la COVID-19, el empleo había perdido la capacidad de integrar en la sociedad. En otras palabras, el empleo ya era una estrategia insuficiente para la inclusión, en particular para los hogares en situación de exclusión grave.

Fuente: EINSFOESSA 2013, EINSFOESSA 2018 y ORSCOVID1CARITAS 2020

Según estos datos, mientras que desciende la tasa de desempleo, aumenta continuamente la tasa de pobreza severa entre los hogares en el espacio de la exclusión grave. En estos años, antes de la irrupción de la COVID-19, la pobreza severa no había parado de aumentar, a pesar de la recuperación del empleo.

Hoy, la crisis de la COVID-19 está teniendo un impacto mucho más grave entre los hogares más excluidos que en el conjunto de la población. Siete de cada diez hogares en exclusión grave se encuentran en situación de desempleo, es decir que sólo el 25% obtienen ingresos del trabajo. En suma, casi siete de cada diez de estos hogares se encuentran en pobreza severa. Hay que considerar que una parte considerable trabajaba y percibía de la economía informal, sin ningún tipo de mecanismo de protección posible.

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Articulo extraído de la pagina web. https://www.foessa.es/blog/impacto-diferencial-del-empleo-sobre-la-pobreza-severa-en-los-hogares/. Bajo el titulo. Impacto diferencial del empleo sobre la pobreza severa en los hogares. Articulo publicado por www.foessa.es. Con fecha. 06-08-2020.

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