¿Es posible ver el sonido?,¿saborear las palabras?, ¿percibir un texto como si fuera toda una paleta de colores?

La respuesta, por extraña que parezca, es sí.


La sinestesia es una condición en la que un estímulo puede suscitar experiencias sensoriales concurrentes: aquellas que asociamos de manera usual al estímulo en cuestión (como la experiencia auditiva que genera una pieza musical), y una experiencia adicional y diferente, como, por ejemplo, percibir formas y colores asociadas a esa misma melodía que escuchamos. Esto puede parecer confuso en un principio, sobre todo si nunca se ha tenido esa sensación. En cambio, para las personas sinestésicas, esta percepción extraordinaria es algo de lo más cotidiano. Helena Melero, Profesora e Investigadora en Neurociencia de la Universidad Complutense de Madrid, transmite de forma casi tangible lo que significa la experiencia sinestésica en uno de sus artículos:

“Imagine que un día, hablando con un grupo de amigos, descubre que ellos no saben que la A es roja. Que no pueden ver el color morado de los violines del Concierto para piano y orquesta núm. 2 de Rachmaninov. Que para ellos el lunes ni es azul ni está más abajo que el domingo ni a la izquierda del martes. Los demás le miran realmente sorprendidos. Y para colmo, cuando usted ya está totalmente confundido, alguien comienza a asegurar que el 3 no puede ser verde y que sin duda es amarillo. Cuando vuelve a casa, el mundo ya no es lo que era. ¡No sólo hay gente que no ve el color verde del 3 sino que algunos se creen que es amarillo! (…)”.

 

Esto es la sinestesia: un fenómeno perceptual fuera de lo común en el que determinados estímulos evocan experiencias sensoriales no típicas de forma automática e involuntaria. Esta condición tan inusual se puede expresar en más de 60 modalidades. Algunos ejemplos son asociar notas musicales, días, fechas o números, con colores, texturas y/o formas. Una de las formas de sinestesia más frecuentes es la sinestesia color-grafema. Las personas con sinestesia color-grafema asocian las unidades simbólicas de escritura (letras en nuestro caso), palabras y/o números con determinados colores. Por ejemplo, ver la A de color rojo.

Se estima que alrededor de un 4% de la población tiene sinestesia, aunque esta prevalencia depende de ciertos criterios de selección, pudiendo ser más alta en algunos casos. Precisamente, uno de los puntos clave de la sinestesia es este criterio de selección: ¿cómo podemos determinar que una persona es sinestésica? De hecho, ¿cómo definimos la sinestesia? ¿Es suficiente con que una persona manifieste de forma subjetiva que tiene este tipo de experiencias? ¿cómo hacemos objetivo lo subjetivo? ¿qué clase de factor diferenciador podemos aplicar para distinguir lo que es sinestesia de lo que no?

Uno de los indicadores más extendidos hasta la fecha es la consistencia en las asociaciones color-grafema; es decir, cómo de estables se mantienen estas asociaciones en una persona que reporta experiencias de esta naturaleza. ¿Se asocia siempre la misma letra con el mismo color? Por lo general, una consistencia alta se ha considerado hasta ahora uno de los criterios determinantes para catalogar a una persona como sinestésica. No obstante, no todas las personas que manifiestan esta percepción lo hacen de forma consistente. Las asociaciones color-grafema no sólo pueden cambiar de una persona a otra, sino que además pueden variar en una misma persona atendiendo a factores como el paso del tiempo, experiencias previas, o incluso, según algunos estudios, el estado de ánimo.

Pero, ¿quiere esto decir que una experiencia sinestésica es menos real o menos vívida por ser menos consistente? Hay indicios para pensar que no. No obstante, esto no hace menos necesaria la existencia de un factor claro que permita definir la sinestesia, y, por tanto, identificarla y estudiarla.

Por ello sería de gran interés encontrar una forma de diferenciar a las personas con sinestesia del resto de la población, que no dependa tanto de la consistencia. Este es uno de los objetivos del estudio que está llevando a cabo Almudena Campuzano, estudiante del máster de investigación en neurociencia y cognición de la Universidad de Ámsterdam. Se busca establecer un criterio que permita identificar personas sinestésicas con mayor y menor consistencia en sus asociaciones color-grafema y diferenciarlas de aquellas personas que no experimentan ninguna asociación sinestésica.

Las asociaciones color-grafema no son universales, sino que pueden variar entre individuos, pudiendo ser susceptibles a diversos factores como por ejemplo, aspectos lingüísticos. Incluso las experiencias sinestésicas en sí mismas muestran cierta variabilidad. Entre las personas con sinestesia color-grafema se distinguen dos grandes grupos: los conocidos como proyectores, que perciben los colores en un espacio físico, visible -por ejemplo, sobre la letra impresa-, y los asociadores, cuya experiencia sinestésica se registra en su mente, sin necesidad de percibir los colores con la vista. Esta diferencia en la experiencia subjetiva del color parece tener una base neuronal.

De hecho, se han encontrado diferencias en la conectividad neuronal entre los dos grupos descritos. Concretamente, los proyectores parecen tener mayor conectividad en el cortex temporal inferior, mientras que en los asociadores son las rutas parietales las que muestran mayor actividad. Por esto, si tenemos en cuenta que diferentes idiomas tienen también asociados diferentes patrones de conectividad neuronal, la idea de que entre hablantes de ciertas lenguas habrá una mayor incidencia de un grupo u otro (proyectores o asociadores) parece surgir de forma natural.

Una forma de clasificar las lenguas es en base a su transparencia u opacidad. Una lengua transparente es aquella que tiene una correspondencia altamente consistente entre sus grafemas y fonemas. Es decir, que a una letra le corresponde, por lo general casi siempre, un sonido concreto. Por el contrario, las lenguas opacas son aquellas en las que la relación fonema-grafema no sigue siempre una misma pauta, y la forma de pronunciar las letras o sus combinaciones presenta una mayor variabilidad. Por ejemplo, el español es considerado una lengua transparente, mientras que el inglés es considerado un idioma opaco. Respecto a las conexiones neuronales asociadas a las diferentes lenguas, hay evidencias que sugieren que los hablantes de lenguas transparentes manifiestan mayor conectividad en el cortex parietal, mientras que los hablantes de lenguas más opacas, lo hacen en el cortex temporal.

Teniendo en cuenta que el español se considera más transparente que otras lenguas como el inglés o el holandés, sería interesante comprobar cómo varía la proporción de proyectores y asociadores entre hispanohablantes en comparación con hablantes de idiomas más opacos. Más allá de eso, es muy interesante explorar cómo afectan las peculiaridades gramaticales del español a la experiencia sinestésica y en qué medida la pueden hacer diferir de la experiencia que pueden tener otras personas con sinestesia. Esto contribuirá a una mejor compresión de la sinestesia y de cómo varía en diferentes grupos y también proporcionará una visión interna más amplia de la variabilidad de este fenómeno entre los hablantes de nuestro propio idioma.

Articulo escrito por:

Almudena Campuzano Jiménez de Aldasoro.
Research Master’s programme in Brain and Cognitive Sciences,
Research Group: Brain & Cognition, Faculty of Social and Behavioral Sciences
University of Amsterdam

Si te sientes identificado con la descripción de esta experiencia sinestésica color-grafema, crees que tienes sinestesia, y te gustaría participar en este estudio, contacta con la investigadora a través del siguiente correo electrónico:

almudena.campuzanojimenez@student.uva.nl.


Si te sientes identificado con la descripción de esta experiencia sinestésica color-grafema, crees que tienes sinestesia, y te gustaría participar en este estudio, contacta con la investigadora tal y como indicamos arriba.