La culpa es una emoción difícil. A veces es pegajosa. Otras puede ser muy afilada. Sin embargo, aunque lo parezca, no tiene ninguna intención de hacernos daño de forma gratuita. Es vehemente porque tiene una misión esencial para nuestra supervivencia individual y el funcionamiento grupal: evitar que hagamos daño a los demás, evitar hacer algo incorrecto, algo moralmente rechazable. Al menos según las normas de la propia persona o de su cultura. Para evitar eso, la culpa sacará toda su artillería, a veces incluso antes de que se cometa el acto, para tratar de evitarlo. Si llega tarde, surgirá con más fuerza aún, y sentiremos cómo nos pide explicaciones. Nos daremos cuenta rápido porque nos generará molestias corporales -quizá en la boca del estómago-, orientará nuestra atención hacia lo sucedido para evaluar qué papel hemos jugado y si somos realmente responsables, sentiremos malestar con nosotros mismos, sentiremos una cierta angustia junto con deseos de arreglarlo, y sentiremos que otras cosas positivas pasan a un segundo plano.

En resumen, la culpa es una emoción que nos focaliza en nosotros mismos y en la evaluación de nuestras acciones. O de nuestras omisiones, ya que lo que no hemos hecho y creemos que deberíamos haber hecho, también puede generar culpa igualmente. Como el resto de emociones, la culpa nos moviliza hacia la acción. En este caso tratando de activar comportamientos de reparación y arrepentimiento público. Por desgracia, la reparación no siempre es posible. Pero hay algo más que culpa persigue y que va más allá de reparar y consolar: generar un aprendizaje. Si no se puede ir para atrás, lo más importante será que comprendamos bien lo sucedido para no volver a cometer el mismo error.

La culpa no es un juez

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Articulo extraido de la web. https://motiontoemotion.org/2020/04/21/la-culpa-tambien-se-equivoca/. Bajo el titulo. La culpa tambien se equivoca. Articulo publicado por. www.motiontoemotion.org. En fecha.21-04-2020.