Marcos Zurita

La Nueva Antipsiquiatría
Marcos Zurita 1/10/2019

1. En un chat donde confluyen muchos colegas psiquiatras alguien escribe: “Me parece interesante compartir esto: una paciente con trastorno bipolar se bajó la aplicación que testea el estado de ánimo (le ponen caritas con distintos estados de ánimo para que tilde), cuántas horas duerme, fija el domicilio de trabajo entonces ven cuántas horas permanece ahí, etc. Si no pone estado de ánimo la aplicación se lo recuerda. Es lo que Vietta (sic) lleva como protocolo y sirve para testear en forma mucho más directa el estado anímico y la actividad del paciente”. Alguien responde “yo las uso permanentemente, yo uso daylio”. Otro agrega: “Sí. Si el paciente adhiere son de mucha ayuda”. Otro: “uso la misma”. Otro: “Gracias por compartir (…) yo también uso daylio”.

La curiosidad del intercambio, en una primera lectura, es la absoluta hegemonía, la total normalidad con que se le da a una app un estatus de verdad. No es la intención de este texto argumentar sobre el carácter de construcción de los diagnósticos psiquiátricos (bueno un poco sí, pero ya lo hemos hablado en otros lugares). Sí lo es discutir la idea de psiquiatría que sobrevuela los comentarios transcriptos.

Una aclaración más: se toman estos comentarios como diaparadores, representativos del pensamiento de una parte de los colegas, no es ésta una respuesta directa a sus autores (por eso es que se omiten los nombres).

2. Cuando se dieron a conocer los Research Domain Criteria (RDoC) promovidos por el Instituto de Salud Mental de EE.UU., el canto de cisne de Thomas Insel antes de irse a trabajar para Alphabet (dueña de Google y un poco de todos), a algunos psiquiatras nos llamó la atención que el único lugar donde podía escucharse algo del padecimiento del paciente era en la séptima columna  destinada a los “self reports”.

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