por Gema García Marco, psicóloga y psicoterapeuta.

 


Para empezar os voy a pedir que visualicéis un iceberg. La parte que emerge del iceberg, la que se ve, simboliza los síntomas visibles del trastorno alimentario (en adelante, TA) Síntomas que asustan a todo el mundo alrededor, incluidos a veces los clínicos que podemos quedar cegados por la gravedad con la que llegan a consulta: restricciones severas, infrapeso, rasgos obsesivos y compulsivos, depresión, ansiedad, impulsividad, atracones, vómitos, autolesiones, intentos de suicidio…

Pero exactamente igual que en un iceberg, más allá de lo que se ve, en las profundidades, se esconde una enorme complejidad intrapsíquica y relacional: se hiperfocaliza en la belleza externa quien no se siente bella por dentro, busca el control del cuerpo quien no siente el control de su vida, persigue la perfección quien se siente insuficiente… los síntomas NO son el problema.

Si vamos más allá de lo que nos enseñan en un primer vistazo, encontraremos a una niña herida (hablaré en adelante en femenino, dada la mayor prevalencia en mujeres) que se ha cubierto de defensas para sobrevivir, ser vista, sentirse reconocida… Es con esa niña que habita en ellas con quien tenemos que conectar en terapia, es una parte de ellas que tenemos que poder ver, ya que una de sus principales heridas es no haber sido vistas en el pasado.

Si quieres continuar leyendo el articulo “La niña herida que habita en ellas: trauma y apego en trastornos alimentarios”.

“Este artículo  ha sido obtenida de la página http://www.buenostratos.com/2018/02/la-nina-herida-que-habita-en-ellas.html. Buenos tratos. Apego, trauma, desarrollo, resiliencia.  publicado por Gema García Marco (15-02-19)”.