“Que parezca un accidente lo que no es sino la decisión planificada, buscada y deliberada de matar la enseñanza pública sin que se note”

10 de noviembre de 2019, día de las elecciones, en torno a mediodía. A esas horas, yo ya he votado. Soy de los madrugadores convencidos de hacer del voto mañanero un servicio público, en la medida en que contribuye a elevar los datos del avance de participación que a las 12 ofrecerá el Ministerio del Interior.

Acompaño a mi pareja a votar. Su colegio electoral está en un instituto de secundaria situado en pleno centro de Madrid. Colas discretas en el exterior del edificio, ambiente distendido y ganas de culminar el ejercicio del derecho de sufragio con el vermut de la una si encontramos sitio por los bares del barrio.

Entramos en el centro con la liturgia que exige el día. Convenientemente identificada sección y mesa en los listados de calles y apellidos, avanzamos por pasillos y aulas, mientras se apodera de mí la desconcertante sensación de lo familiar. Tenga o no algo que ver la magdalena de Proust en ese instante, el caso es que a la regresión que experimento, y que me transporta a mi propia infancia, la sucede una reflexión que me acompaña desde hace una semana y pico. Algo no cuadra si un centro de educación secundaria del año 2019 le resulta tan reconocible a alguien que terminó la EGB a comienzos de los 90.

No tengo críos y soy de los que se deja caer por los colegios cuando toca ir a votar en elecciones. No estoy, por tanto, familiarizado con cuestiones escolares más allá de lo que me cuentan amigos y conocidos que se ganan la vida en estos menesteres.


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“Este artículo ha sido obtenido de la pagina.   https://theobjective.com/elsubjetivo/obsolescencia-programada-o-la-muerte-lenta-de-la-ensenanza-publica/. Bajo el titulo. Obsolescencia programada o la muerte lenta de la enseñanza publica. Articulo publicado por www.theobjective.com el 18-11-2019.