Si las emociones existen tras un largo proceso de evolución es porque han sido útiles para adaptarnos, para sobrevivir, para construir un entorno hecho a nuestra medida. El sistema emocional es un sistema versátil, complejo, fruto de varios millones de años de perfeccionamiento progresivo. Eso no quiere decir que sea perfecto, ni mucho menos, pero ha conseguido con creces, al menos en términos de especie, las prioridades que se marcó y que luego detallaremos: superviviencia, vida en comunidad, y desarrollo material y cultural.

El sistema emocional está inserto en el cerebro,.en el centro de un inmenso cableado neuronal que nos ha permitido adaptarnos y evolucionar más que ninguna otra especie.

Aunque muchas personas sigan concibiendo razón y emoción como enemigos irreconciliables, la coordinación entre los sistemas más evolucionados de nuestro cerebro responsables del pensamiento y el lenguaje.-el cortex-, y las bases subcorticales en donde se activan las emociones, puede llegar a un nivel de integración sobresaliente, al menos cuando se recibe un entrenamiento adecuado.

Pero la influencia de las emociones va más allá del ámbito cerebral;.El sistema emocional puede alterar nuestro sistema neuroendocrino, acelerar nuestra respiración y nuestra tasa cardiaca, así como activar nuestros músculos. Por llegar, incluso llega a traspasar la barrera del individuo,.alcanzando a nuestros semejantes,.con el objetivo de transmitirles información sobre nuestros estados y necesidades. Las expresiones emocionales favorecen que los demás sepan si estamos tristes o enfadados para que así puedan adaptar.mejor su comportamiento en función de nuestro estado. Un ejemplo perfecto de la utilidad de las emociones como informantes para esos otros que nos rodean se muestra en la película de animación “Del revés”

Si quieres saber mas sobre  ¿Por qué tenemos emociones?  visita su blog, el cual recomendamos. Motion-to-emotion.org 

“Este artículo ha sido obtenido de la pagina.https://motiontoemotion.org/ .Bajo el titulo: ¿ Por qué tenemos emociones?. Articulo publicado por. Gonzalo Hervás – Universidad Complutense de Madrid