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Sobre la depresión

Sobre la depresión en un programa de la televisión.

 

 

Del articulo sobre el programa de “Salvados” de la Sexta que trataron el tema de la depresión, publicado en Pikara Magacine, nos ha parecido interesante lo siguiente:

¿Cuáles son algunos temas que podrían haberse mencionado en un programa sobre depresión y el estigma asociado en Salud Mental, si hubieran pretendido un enfoque respetuoso y plural como decían?

  • Enorme sobremedicación, muchas veces combinando medicamentos que causan adicciones o problemas físicos y emocionales añadidos. El principio “tomar la mínima dosis de medicación posible -incluyendo ninguna como opción- el menor tiempo necesario para encontrarme mejor” es el gran ausente en la consulta. Se decide a menudo en nuestro nombre o forzando nuestra decisión, aprovechando nuestra situación de vulnerabilidad. Se resta importancia a los efectos secundarios, aunque nosotros sí los vivamos como importantes.
  • Patologizacion de procesos vitales que necesitaríamos aprender a integrar en nuestras vidas, cuando son inevitables (duelo, rupturas) o luchar contra ellos colectivamente desde lo político y no desde lo médico cuando detrás hay injusticias sociales (desempleo, desahucios,  pobreza, despidos, bullying, machismo, racismo, LGTBfobia, capacitismo…). Y reflexionemos: ¿debemos ser “productivos” siempre? ¿Nos permitimos un tiempo de inactividad, ser cuidados y lamer heridas, sin pastillas que me “pongan a punto” a la semana de morir mi padre? ¿Tiene algún papel el capitalismo y haber destruido el poco Estado de Bienestar que llegamos a tener en que podamos o no permitirnos ese tiempo? ¿Y en que convivamos con cierta exigencia externa e interna de ser felices, o aparentarlo, 24 horas diarias 7 días a la semana?
  • Cambio de criterios en el DSM (uno de los principales manuales diagnósticos en psiquiatría): ¿Por qué en las sucesivas revisiones se acorta el tiempo que debes presentar los síntomas para recibir diagnósticos asociados a estados de ánimo depresivos? La consecuencia es poder considerar “enfermas” a más personas, que serán susceptibles de recibir tratamiento farmacológico. ¿Quién gana con esto: los pacientes, la industria farmacológica…? ¿Tiene poder de influencia la propia industria en la redacción de un DSM cuyos cambios de criterio acabarán beneficiándola? ¿Y en que un profesional me recete un antidepresivo si pocas semanas después de una ruptura sentimental o la muerte de un ser querido me sigue siendo complicado salir de la cama? ¿Quién paga la formación de esos profesionales? ¿Y los estudios que hablan de supuestas mejoras de cada medicamento nuevo más caro que el anterior, del que curiosamente vencía la patente? ¿Se promueve desde las instituciones públicas una formación e investigación independiente de los laboratorios?
  • Hay estudios señalando que en profesionales sanitarios el estigma persiste como en la población general; otras investigaciones relatan conductas discriminatorias y estigmatizantes que personas psiquiatrizadas seguimos viviendo en los propios servicios de atención en salud mental. Sabemos también que un pilar que sostiene el estigma es el tratamiento de la salud mental en medios de comunicación. ¿Tiene sentido que los mensajes de las campañas antiestigma vengan de esos profesionales para ir a esos medios? ¿Nos ayudan esas campañas? Mensajes “antiestigma” como el mismo #1decada5 que usó Salvados para definir la prevalencia de los problemas de salud mental; o los clásicos de que si nos tomamos la medicación puntualmente podremos llevar una vida “normal”, que esto es como la diabetes, una pastilla toda la vida y listo; que lo más importante es que no perdamos la “conciencia de enfermedad” y la “adherencia al tratamiento” (farmacológico) y haciéndolo estaremos mejor, ¿nos han hecho bien o han hecho más daño?
  • Aunque destinar mayores presupuestos públicos al área de la salud mental en la sanidad pública parecería siempre buena noticia, ¿podría mejorar también la situación simplemente utilizando mejor los recursos que YA hay? Habiendo demanda social de más profesionales, más atención psicológica, menor tiempo entre consultas, ¿tiene sentido no atender esa demanda por supuesta falta presupuestaria pero gastar  en paralelo cientos de euros mensuales por cada paciente que recibe el novísimo antipsicótico inyectable de liberación prolongada? Ni siquiera estos fármacos tienen mejoras terapéuticas demostradas sobre los anteriores, más baratos, como explican profesionales críticos en el artículo “Despilfarrando el dinero de todos”. Ahorrando 400 €/mes por paciente que tenga pautados estos tratamientos, ¿no nos daría para contratar algunos profesionales extra?

Si quiere continuar leyendo consulte el artículo original de referencia.

2018-02-08T19:21:56+00:00