Taller: Psicodrama y Mentalización.

 

Presentado por: Carlos Mirapeix Costas* y Marisol Filgueira Bouza**

*Psiquiatra, Psicoanalista, Psicodramatista, Psicoterapeuta Cognitivo-Analítico. Director de la Fundación para la Investigación en Psicoterapia y Personalidad (FUNDIPP). Santander. Socio AEP.

**Psicóloga Clínica, Psicodramatista, Terapeuta Familiar. Programa de Trastorno Mental Grave, Hospital Marítimo de Oza. Directora del Instituto Galego de Psicoterapia. A Coruña. Socia AEP

Contenido:

La intervención en pacientes con baja capacidad de autoobservación (o capacidad reflexiva) debe focalizar los procesos de construcción del pensamiento en los estados mentales en el momento de la interacción. Revisamos teorías de la identidad y los roles, destacando la idea de la multiplicidad del yo, dialógico y polifónico. Apuntamos riesgos y ventajas de las técnicas activas en este ámbito. Proponemos técnicas activas específicas que pueden mejorar los resultados en el tratamiento por el incremento de la función reflexiva, a través de un procedimiento estructurado de auto y hetero observación relacional y contextual en la acción, explorando y manejando el poliposicionamiento del self.

Descripción del desarrollo del Taller:

El tamaño del grupo (más de 40 personas) nos hizo considerar la limitación de tiempo para llevar a cabo el plan de trabajo completo, en particular, todos los ejercicios de caldeamiento previstos y también la fórmula para llevarlos a cabo. Así, modificamos sobre la marcha la hoja de ruta.

Los conceptos teóricos fueron presentados rápida y sucintamente sin apoyo audiovisual: la identidad y los roles en Moreno; la multiplicidad y poliposicionamiento del yo en la interacción; el procedimiento de auto y hetero observación relacional y contextual para mejorar la mentalización.

La idea inicial era una movilización por el espacio en busca de facetas de mi identidad en los otros para irlas interiorizando y buscar un lugar confortable donde tomar contacto individual e internamente con mi yo múltiple. En lugar de ello, para ganar tiempo, y siguiendo  la recomendación sobre la parsimonia en la intervención, se optó por pedir a los miembros del grupo que contactasen visualmente desde la silla con todos los demás y realizasen la tarea de interiorización de facetas diversas sin moverse por el espacio, para mostrar alguna de ellas corporalmente al grupo, cada uno desde su lugar, aportando un soliloquio que da cuenta de mi autopercepción (= autoimagen).
Este cambio de rumbo supuso asumir el riesgo de un cierto bloqueo en un buena parte del grupo que habría que ir “descongelando” en los ejercicios sucesivos. No es fácil mostrarse en solitario ante un grupo grande con el que todavía no hemos contactado a través del movimiento y el cuerpo.

Lo siguiente fue pedir que formasen parejas, cada uno con el compañero de la izquierda, en lugar de buscar y escoger la pareja por afinidad, para ahorrar el tiempo de esta búsqueda. La consigna: mostrar corporalmente mis diferentes facetas, que el otro debe devolverme en espejo mientras las observo y comento. Así, recibo la percepción que el otro tiene de mi imagen (= la imagen que el otro me devuelve sobre mi). Deben realizar la tarea los dos miembros de cada pareja.

Por último, se pide caminar por el espacio y formar pareja con alguien que me conoce bien, me quiere y me cuida. En el supuesto improbable de que no se conozca a nadie previamente, la elección debe hacerse en base a la intuición “tele”. Consigna: cambio de roles, digo cómo le (me) veo. Así, me miro y me veo desde el otro. Nos miramos con los ojos del otro. Le miro con sus ojos. Me pongo en su lugar, se pone en mi lugar.
Hubo que renunciar al último ejercicio previsto, que consistía en mostrar cada uno, en ronda grupal, una escultura de mi identidad con los aspectos integrados en los ejercicios previos, mientras los demás me devuelven dobles y espejos múltiples.
Tampoco pudimos dar tiempo para ir mostrando y comentando grupalmente los hallazgos en cada uno de los ejercicios.

Los emergentes se propusieron y escogieron verbalmente y por votación a mano alzada (opciones: experiencia personal / un caso profesional), en lugar del clásico procedimiento sociométrico en la acción, por el cual los candidatos pasan al centro, explican brevemente su escena y los miembros del grupo escogen colocándose detrás del candidato al que quieren ver trabajar. Un procedimiento más ajustado al método psicodramático, que sigue favoreciendo el caldeamiento hacia el trabajo escénico y el proceso de identificación que garantiza la elección del mejor representante de la latencia grupal y por tanto la implicación emocional de la mayoría.
Aún así, se hicieron varias propuestas  (se logró el caldeamiento), resultando elegida una temática sobre suicidio: un terapeuta se enfrenta al riesgo de suicidio de su paciente que, además, demuestra escasa fe en el método y en su terapeuta, en línea con la desesperanza que expresa sobre su situación vital.

Comenté al grupo que esta técnica que presentaba, era posible trabajarla a nivel individual, grupal y familiar, intentaríamos tener espacio para poder realizar una dramatización con estas otras opciones (finalmente no hubo tiempo y solo hicimos el trabajo individual).

Una vez elegido el protagonista, me senté en el centro del grupo con el protagonista para describir la situación en la que íbamos a trabajar. Se trataba de afrontar y manejar la situación de una paciente grave, con un cuadro depresivo enmarcado en una personalidad compleja, que apuntaba a rasgos limítrofes. Actualmente ingresada en una hospitalización de media estancia y con una ideación suicida crónica.

Dada la situación decidí intervenir en un modo de psicodrama bipersonal, en el que el protagonista le propuse que se enrolara en el caso de la paciente que quería representar y trabajamos ajustándonos a la técnica que está descrita tanto en el artículo de referencia que sirve de guía para este taller como a la técnica de la representación ortogonal de los estados mentales que figura en mi artículo del año 2008  (ambos figuran al pie de esta entrada en la bibliografía).

Paseando por la sala y tras haber enrolado al protagonista en el rol de la paciente, fuimos describiendo sus vivencias, su desesperación y la persistente ideación suicida. En un momento de la descripción de su sufrimiento a lo largo del diálogo le cogí a la paciente del brazo para acompañarla y contenerla emocionalmente, preguntándole a su vez si se sentía cómoda con que la tocase el brazo, a lo que la paciente asintió.

Le sugerí a la paciente que para poder explicarle como entendía lo que le pasaba, necesitaba explicarle algo con respecto a mi forma de ver a las personas en general e intentar aproximarme a lo que ella me estaba comentando en particular. Utilizamos un breve espacio de tiempo con unos comentarios de índole psicoeducativos y aprovechando la arquitectura del suelo, en la que había un dibujo que permitiría ver cuatro cuadrantes, le expliqué que podemos tener todos diferentes partes en nosotros mismos y que podemos representarlas en distintos lugares de este cuadrado grande con 4 espacios diferenciados. Esto viene claramente explicado en el artículo al que hago referencia( Mirapeix 2008).  Hay dos ejes que contribuyen a formar los cuatro cuadrantes: la emocionalidad positiva o negativa y el resultado adaptativo o desadaptativo de el estado mental y la parte del self a la que pertenece. Habiendo por lo tanto en los cuatro cuadrantes uno con emocionalidad  positiva y adaptativo, otro con emocionalidad positiva pero desaptativa (caso de la euforia toxica o maniforme) y lo mismo referido a los otros dos cuadrantes en los que predomina la emocionalidad negativa, pudiendo tener está en algunos casos una función adaptativa (el duelo por ejemplo) y en otras desadaptativa.

A medida que fuimos dialogando, vimos diferentes partes en la paciente, una de ellas su parte suicida, la que estaba desesperada y que deseaba morirse y que le acompañaba desde hacía mucho tiempo.

Resulto complejo evocar en la paciente otras partes de ella que permitieran abordar contenidos diferentes al suicidio. Hablamos de su parte abandonada y de su parte con dificultades para contactar con los demás. Cada una de estas partes la posicionamos en cuadrantes diferentes e intentamos verbalizar el diálogo se producía desde cada una de ellas, situando a la paciente en cada uno de los cuadrantes y partes que intentábamos explorar. Finalmente consiguió verbalizar una parte de sí misma que en ocasiones anteriores la había sacado de la ideación suicida y que era una parte de sí con cierto ánimo y que la transmitía energía y fortaleza para luchar contra su ideación suicida y sentimiento de desesperación. Tras dialogar también con la parte animosa que era capaz de dirigirse a la parte suicida, le invite a la protagonista a que se sitúase fuera de los cuatro cuadrantes y que observara las distintas partes de sí misma que habíamos descrito y posicionado en diferentes lugares del espacio que estábamos utilizando. Aquí invitaba a la paciente a lo que denominamos un poliposicionamiento del self y concretamente a invitar al protagonista que se sitúe en un rol de metaobservación.

A lo largo de la representación podríamos haber utilizado yo es auxiliares entre los asistentes al taller, pero mi decisión fue trabajar a modo individual con la protagonista.

Me parece importante resaltar, el que a lo largo de la dramatización y hice un comentario dirigido al grupo, especificando la diferencia entre trabajar con la escena manifiesta y la escena latente. Posteriormente en la discusión grupal, hice más hincapié en que esta técnica va dirigida a la identificación de estados mentales y partes del self y al dialogo entre las mismas, y debe de mantenerse en la escena manifiesta, procurando no entrar en el análisis de los contenidos hasta que esta primera fase haya sido bien trabajada.

El trabajo de mapeado resulta muy esclarecedor de las dinámicas internas y los estados mentales cambiantes en el curso de la interacción, permitiendo ordenar una información que a priori resulta confusa para uno mismo y para aquellos con los que interactuamos, facilitando la toma de conciencia sobre los desencadenantes de dichos cambios, de cómo éstos influyen sobre los otros, y de cómo esos estados constituyen distintas versiones de mi identidad (no es cada uno de ellos una identidad única total, lo que conduce a rigidez en las relaciones, reacciones extremas y emociones desbordantes).
Se trabajó con el protagonista individualmente, sin ego-auxiliares. No quedó tiempo para ilustrar el procedimiento de trabajo en grupo. Tampoco para un eco grupal desde las vivencias personales. El cierre se centró en el comentario técnico del trabajo realizado.

El feedback post taller nos dejó satisfechos (“me encantó”, “fue una elección acertada”, “me dijeron que fue extraordinario”, “lamento habérmelo perdido”…). Parece que pudimos sortear las dificultades que íbamos encontrando, con aprovechamiento del tiempo limitado, logrando ilustrar de manera bastante aproximada lo que pretendíamos. Con más tiempo o con un grupo más pequeño, la experiencia habría resultado emocionalmente más intensa, pero tampoco es prescriptiva ni deseable siempre dicha intensidad. El contexto aconsejaba la contención como ocurre tantas veces en la clínica. La elección de las técnicas debe ajustarse a las necesidades, posibilidades y limitaciones del caso específico.

Bibliografia:

Variaciones del Psicodrama y función reflexiva.

Marisol Filgueira y Carlos Mirapeix.

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Desarrollo del self, múltiples estados mentales y metodología de evaluación desde la psicoterapia cognitivo analítica.

Carlos Mirapeix

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