“Compartimos vulnerabilidad, defendamos nuestra salud mental”
En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, conversamos con una usuaria de los servicios de TLP Cantabria. Su testimonio nos ayuda a comprender los desafíos, mitos y necesidades que aún rodean el cuidado emocional en nuestra sociedad.
Desde tu experiencia como usuaria, ¿cuál crees que es el principal desafío que enfrentamos como sociedad en relación con la salud mental?
Creo que lo más difícil es entender que cuidar la salud mental es tan importante como cuidar el cuerpo. Aún hay mucha gente que piensa que ir al psicólogo es señal de debilidad, cuando en realidad es un acto de valentía y autocuidado. También noto que no todas las personas tienen acceso a servicios de calidad, y eso genera mucha desigualdad.
¿Qué mitos sobre la salud mental te han afectado o te parecen especialmente dañinos?
Hay muchos. Uno muy común es que los problemas emocionales se deben a falta de carácter o que estamos exagerando. También se piensa que los trastornos graves, como el TLP o la esquizofrenia, hacen que las personas sean peligrosas, y eso no es cierto. Otro mito es que hablar de lo que sentimos empeora las cosas, cuando en realidad expresarlo es lo que más ayuda.
¿Qué señales crees que deberían alertar a alguien para pedir ayuda profesional?
Cuando el estado de ánimo cambia de forma persistente, cuando ya no disfrutas lo que antes te gustaba, cuando te cuesta dormir, comer, concentrarte o relacionarte. Y sobre todo, si aparecen pensamientos de desesperanza o de no querer seguir. En esos momentos, pedir ayuda puede marcar la diferencia.
¿Por qué crees que sigue existiendo tanto estigma en torno a los problemas de salud mental?
Porque durante mucho tiempo se habló de esto desde el miedo y el desconocimiento. En el pasado, los centros psiquiátricos no eran lugares seguros, y eso dejó huella. Además, no se nos educa para entender lo que sentimos. Por suerte, ahora hay más información y más profesionales que nos ayudan a mirar con compasión.
¿Qué papel crees que tienen los medios y las redes sociales en esta transformación?
Son muy importantes. Pueden hacer mucho daño si usan lenguaje ofensivo o si ridiculizan los síntomas, pero también pueden ser herramientas poderosas para sensibilizar. Yo he aprendido mucho gracias a cuentas que comparten contenido serio, empático y educativo.
¿Cómo pueden familiares y amigos apoyar sin caer en prejuicios?
Lo más importante es escuchar sin juzgar. No decir cosas como “pon de tu parte” o “eso es exagerado”. A mí me ayuda cuando me dicen “estoy aquí para ti” o simplemente me acompañan sin presionarme. También es clave que se informen, que entiendan lo que estoy viviendo.
¿Qué estrategias te parecen útiles para cuidar la salud mental desde edades tempranas?
La educación emocional en los colegios sería fundamental. También que en casa se pueda hablar de lo que sentimos sin miedo. Actividades como el deporte, el arte o simplemente tener espacios seguros para expresarse ayudan muchísimo.
Que se invierta más en salud mental, que haya más profesionales y menos listas de espera. Que los tratamientos psicológicos estén cubiertos por la sanidad pública y que se deje de tratar la salud mental como algo secundario.
Para cerrar, ¿qué mensaje te gustaría dejar en este Día Mundial de la Salud Mental?
Que la salud mental nos afecta a todos. Que pedir ayuda no es rendirse, es empezar a cuidarse. Y que hablar, escuchar y acompañar puede salvar vidas. No estamos solos.
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