A veces pensamos que nuestros problemas son demasiado raros, demasiado grandes o demasiado “nuestros” como para que alguien pueda entenderlos. Pero la realidad es otra: lo que nos duele, lo que nos asusta y lo que nos pesa… también lo viven otras personas. Y descubrirlo puede ser profundamente sanador.

La entrevista al Dr. Jesús Artal, jefe de Psiquiatría del Hospital Valdecilla, publicada en COPE Cantabria, vuelve a recordarnos algo esencial: nadie está solo en su sufrimiento. Y la terapia de grupo es uno de los lugares donde esa verdad se hace más evidente.

Un espacio donde sentirse acompañado de verdad.
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En un grupo terapéutico no se trata solo de hablar. Se trata de escuchar a otros y reconocerse en ellos. De repente, alguien pone palabras a algo que tú llevas tiempo sintiendo. Alguien se emociona por lo mismo que tú. Alguien te mira y te dice, sin decirlo: “te entiendo”.

Ese momento —tan simple y tan humano— es uno de los pilares de la terapia de grupo. El Dr. Artal lo llama universalidad: darnos cuenta de que no somos un caso aislado, sino parte de una experiencia compartida.

Mucho más que una charla: estructura, cuidado y propósito.
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Aunque desde fuera pueda parecer una conversación entre personas que se apoyan, la terapia de grupo es un proceso profesional, con:

  • Un terapeuta que acompaña y sostiene.
  • Un objetivo común, claro y compartido.
  • Un marco seguro, donde cada persona avanza a su ritmo.
  • Un final, porque los grupos también enseñan a cerrar etapas.

Algunos grupos son más estructurados —como los psicoeducativos para familias— y otros permiten que las emociones fluyan con más libertad, especialmente cuando se trabaja con experiencias vitales o traumas.

Un recurso útil para la mente… y también para el cuerpo.
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La terapia de grupo no nació en salud mental. Empezó hace más de un siglo con personas que tenían enfermedades físicas como tuberculosis. Y hoy sigue siendo útil para quienes conviven con diabetes, obesidad o han pasado por un infarto. Compartir experiencias prácticas y emocionales ayuda a sentirse acompañado y a recuperar el control.

En salud mental, su eficacia está más que demostrada en:

  • Depresión y duelos
  • Trastornos de la personalidad
  • Trastornos de la conducta alimentaria
  • Fobias y obsesiones
  • Psicosis y esquizofrenia
  • Adicciones

El grupo se convierte en un laboratorio de relaciones humanas, donde aprender, equivocarse, reparar y crecer.

Aprender a cerrar también es sanar.
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El Dr. Artal describe los grupos como “seres vivos”: nacen, crecen, cumplen su función y, cuando llega el momento, se cierran. Ese cierre no es un fracaso, sino parte del aprendizaje. Nos enseña a despedirnos, a reconocer lo que hemos avanzado y a llevarnos lo aprendido a la vida real.

En FUNDIPP creemos en la fuerza de lo colectivo.
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En FUNDIPP trabajamos cada día con la convicción de que la salud mental también se construye en comunidad. La evidencia científica, la experiencia clínica y los testimonios de tantas personas coinciden: cuando compartimos lo que nos pasa, algo dentro se alivia.

La entrevista del Dr. Artal nos recuerda que pedir ayuda no es un acto individual: es un acto profundamente humano. Y que, a veces, la mejor manera de encontrarnos es hacerlo junto a otros.


Referencia Jimeno, C. (28 de marzo de 2026). Jesús Artal, doctor en Psiquiatría: “La terapia de grupo demuestra que nadie está solo en su problema de salud mental”. COPE Cantabria. Recuperado de: https://www.cope.es/emisoras/cantabria/cantabria-provincia/santander/noticias/jesus-artal-doctor-psiquiatria-terapia-grupo-demuestra-nadie-problema-salud-mental-20260328_3334742.html

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