En este artículo se pretenden recoger semanalmente 10 actividades diarias para mantener el bienestar y la estabilidad, principalmente dirigidas a la juventud. Teniendo en cuenta que esta población en particular tiene mayor dificultad para acceder a terapia de calidad debido a sus recursos económicos. También es este grupo en el que actualmente se observan más cantidad de dificultades psicológicas. No obstante, estas prácticas pueden ser aplicadas a cualquier etapa de la vida.

  1. Escritura reflexiva

La escritura reflexiva favorece la liberación de pensamientos obsesivos o situaciones dolorosas y promueve una conversación compasiva con uno mismo.
Es una práctica que te permite observar las preocupaciones desde otra perspectiva.

Cuando termines de escribir, relee lo que has plasmado y presta atención a cómo funcionan tus pensamientos y qué emociones despierta cada palabra o frase. Pregúntate cuáles fueron las razones que te impulsaron a redactar ese texto y qué sensaciones experimentas después de hacerlo.

No es necesario imponerse hacerlo con frecuencia. Escribe solo cuando sientas que algo te genera ansiedad o cuando te resulte difícil ponerlo en palabras o compartirlo con otros.

Entre sus beneficios adicionales están el entrenamiento mental y la mejora de la lectoescritura. Tener un cuaderno exclusivo para estas reflexiones también puede ayudarte a organizar tus ideas y aportar una sensación de orden interno.

  1. Junk journaling

El junk journaling es una práctica creativa que ha ganado popularidad especialmente entre los jóvenes. Consiste en elaborar un diario personal que combina la escritura con el collage de objetos que evocan recuerdos, emociones o aspectos cotidianos, dispuestos de manera artística.
En este tipo de cuaderno se puede incluir prácticamente cualquier material: entradas de cine, trozos de tela, hojas secas, recortes de revistas, etiquetas o papeles antiguos.

A diferencia de otros diarios más estructurados, en el junk journaling no se busca la perfección ni el orden. La esencia de esta práctica radica en la libertad creativa y en la expresión emocional auténtica. Cada página es un reflejo personal, sin juicios ni normas, donde el proceso tiene más valor que el resultado final.

En un contexto en el que muchas de nuestras actividades implican el uso constante de dispositivos electrónicos, el junk journaling ofrece un espacio para reconectar con lo manual, lo sensorial y lo tangible. Al concentrarnos en los materiales ejercitamos la atención plena, lo que favorece un estado de calma y enfoque en “el aquí y el ahora”, es decir, una práctica cercana al mindfulness.

Además, al permitirnos crear sin exigirnos perfección, aprendemos a aceptar los errores y a valorar lo que surge de manera espontánea. Esta actitud fomenta la autocompasión y la aceptación personal.

Por otro lado, al incorporar objetos significativos en el cuaderno, también estamos organizando recuerdos y emociones, integrando experiencias pasadas y reconociendo nuestro propio trayecto vital. Así, el junk journaling no solo estimula la creatividad, sino que también se convierte en una herramienta de autoconocimiento y bienestar emocional.

  1. Voluntariados

El voluntariado puede generar cambios profundamente positivos en personas que experimentan síntomas de depresión o ansiedad. La sensación de utilidad que se genera al mejorar la vida de los demás puede llenar vacíos emocionales y fomentar una mayor autoconfianza y seguridad personal.

Además, participar en actividades de voluntariado contribuye a reducir los niveles de estrés, no solo por la actividad en sí, sino también por el proceso interno de comparación con las circunstancias de otras personas. Esto puede hacer que los problemas personales se perciban como más manejables, al ponerlos en una perspectiva más amplia.

Los estudios demuestran que el voluntariado no solo tiene beneficios psicológicos, sino que también influye positivamente en la salud física y el bienestar general, especialmente en niños y adolescentes. Tras la pandemia, los estudios han revelado que los síntomas de depresión y ansiedad en los jóvenes se han duplicado. En este contexto, el voluntariado ha emergido como una alternativa eficaz para abordar estos problemas. A través de la contribución social, los adolescentes pueden desarrollar un sentido de comunidad, lo que a su vez fortalece su identidad y les proporciona herramientas emocionales para afrontar los retos que enfrentan.

  1. Rutina de autocuidado físico

En el camino hacia el bienestar emocional, a menudo pasamos por alto actividades tan cotidianas como el cuidado personal. Sin embargo, estas prácticas juegan un papel esencial en la regulación emocional y la reducción del estrés. Dedicar tiempo a rutinas de autocuidado que impliquen contacto físico, como la aplicación de cremas o una rutina de afeitado, puede reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y promover una sensación de calma y relajación.

En particular, los rituales de cuidado de la piel no solo mejoran la salud física de la epidermis, sino que también tienen un impacto directo en el bienestar psicológico. Al reducir la ansiedad y el estrés, estos rituales se convierten en una herramienta poderosa para el cuidado emocional.

Seguir una rutina de belleza no se trata solo de los productos que utilizamos, sino de establecer una práctica constante de autocuidado que fomente hábitos saludables. Desde la perspectiva psicológica, el autocuidado regular es fundamental para mantener nuestra salud mental. Una rutina de cuidado de la piel, por ejemplo, nos enseña a ser consistentes y a priorizar nuestro bienestar, lo cual tiene efectos positivos en la gestión de la ansiedad y en la prevención de trastornos emocionales.

  1. Deporte al aire libre

Practicar deporte al aire libre aporta beneficios adicionales a parte de los evidentes para la salud física. El ejercicio en entornos naturales (bosque, parques o lugares cercanos del agua) frente a entornos urbanos, produce numerosas mejorías en la salud mental, como: la reducción de ansiedad, disminución de la fatiga, aumento del afecto positivo y un menor efecto, aunque existente, para los síntomas depresivos. La mera presencia en entornos verdes puede facilitar la recuperación del agotamiento mental, reducción de estrés fisiológico y activación del sistema nervioso parasimpático.

Además, realizar deporte tiene un gran efecto sobre nuestra autopercepción y el estado de ánimo y en concreto hacerlo en entornos naturales puede fortalecer nuestra autoestima. El aumento en la autoconfianza no se produce únicamente por la mejor autopercepción del estado físico, también se observa que adquirir la capacidad de asumir retos favorece al empoderamiento personal.

La evidencia señala que ejercitar al aire libre tiene múltiples efectos positivos en ámbito social, como la mejora de la convivencia, apoyo mutuo, sentido de comunidad y cohesión social, reduciendo el aislamiento social y la soledad. Algunos ejemplos de esta actividad pueden ser caminar por la naturaleza, correr, ciclismo, yoga, natación en espacios naturales, meditación o yoga en parques, etc.

  1. Caja de Gratitud

La actividad de la caja de gratitud consiste en decorar una caja y colocarla en un lugar visible de la casa, para llenarla con papeles describiendo razones por la que se esté agradecido. Los papeles deben ser leídos en alto y de forma anónima. La frecuencia en la que se añade algo a la caja puede variar: una vez al día, una vez por semana o una vez al mes. La caja puede ser usada en diversos ámbitos: como una caja familiar, en la que participan todos los miembros de la casa y es leída conjuntamente los domingos; una caja escolar llena de agradecimientos leída por los alumnos de una misma clase; una caja laboral en la que participan compañeros de equipo dejando mensajes de agradecimiento hacia otros; o una caja individual que se puede leer una vez al mes o en días difíciles.

En la caja se pueden añadir agradecimientos relacionados con algún suceso vital, la evolución propia, algo pequeño que disfrutaste, algo de tu entorno o algo de ti mismo. Una vez se lea la caja, se debe escribir o reflexionar de forma conjunta sobre las emociones que nos provocan cada uno de los agradecimientos.

Esta práctica fomenta la comprensión y expresión emocional, refuerza el hábito de reconocer lo positivo, mejora la cohesión grupal y ayuda a entrenar la focalización en lo bueno, reduciendo el estrés.

  1. Respiraciones

La respiración consciente es una herramienta sencilla y gratuita siempre disponible que puede mejorar tu bienestar. Esta técnica es especialmente recomendable en situaciones de ansiedad, estrés o falta de concentración. La respiración desempeña un papel crucial en la regulación de nuestras emociones. Al integrar la respiración en la rutina se promueve mayor estabilidad emocional y resiliencia.

Estudios muestran que intervenciones respiratorias (respiración profunda, diafragmática, pausas controladas) favorecen una mayor actividad del sistema nervioso parasimpático, que promueve relajación, recuperación y regulación emocional. Así, la respiración consciente actúa como un puente: del cuerpo al cerebro y viceversa, ayudando a “desactivar” estados de tensión y a cultivar estados de calma.

Para comenzar a realizar esta práctica, es recomendable elegir un momento en día, puede ser por las mañanas o al regresar a casa. Siéntate con la espalda recta, los hombros relajados, manos apoyadas sobre piernas o en el abdomen. Puedes hacerlo también acostado si prefieres, pero evita dormirte al comenzar. La clave no es hacer una sesión larga de golpe, sino mantener una práctica regular en el tiempo.

  1. Sueño

Dormir bien no es un lujo, es una necesidad para la salud mental y el funcionamiento cognitivo. El sueño adecuado reduce el riesgo de desarrollar depresión y ansiedad y mejora los síntomas cuando ya existen. Estudios longitudinales y metaanálisis muestran una relación consistente entre el insomnio y un mayor riesgo de depresión futura. Por el contrario, intervenciones que mejoran la calidad del sueño producen reducciones significativas en síntomas depresivos y ansiosos.

En personas con problemas psicológicos, dormir mal no solo incrementa el riesgo de desarrollar depresión o ansiedad, sino que también contribuye a su mantenimiento, al dificultar el equilibrio y la gestión de las emociones.

 Además, el sueño ayuda al cerebro a procesar y organizar la información aprendida durante el día. Durante la noche, se fortalecen los recuerdos de hechos declarativa y de habilidades, y se integra lo nuevo con conocimientos previos. Dormir después de aprender algo mejora la retención de la información y facilita aplicar lo aprendido en situaciones nuevas.

En conclusión, resulta de gran importancia priorizar la calidad, duración y regularidad del sueño para prevenir y mantener la salud mental, regular las emociones y favorecer el aprendizaje y la memoria.

  1. Mantenerse activo durante el día

Salir de casa y realizar tareas cotidianas, como hacer la compra, ir al banco o simplemente caminar por el vecindario, puede tener un impacto significativo en nuestra salud mental. Aunque estas actividades puedan parecer rutinarias o triviales, en realidad ofrecen beneficios psicológicos que contribuyen al bienestar general.

Conversaciones con conocidos en la tienda, saludos en la calle o interacciones con vecinos fomentan un sentido de pertenencia y conexión. El aislamiento social prolongado puede aumentar el riesgo de problemas de salud mental, por lo que mantener estas interacciones es crucial. Además, al realizar tareas cotidianas de forma independiente, como ir al supermercado o gestionar asuntos personales, refuerza la autonomía y mejoran nuestra autoestima.

Puedes empezar por establecer metas pequeñas y alcanzables, como salir a caminar 10 minutos. Poco a poco podrás observar como tu estado de ánimo mejora y complicando más las tareas. Durante estas salidas aprovecha interactuar con otros y observar tu entorno. No olvides escuchar a tu cuerpo y mente, si en algún momento sientes que no puedes continuar, es válido tomarse un descanso y regresar a casa.

  1. Solución de problemas

Practicar la resolución de problemas en la vida cotidiana, como realizar puzles, sudokus, crucigramas o juegos de estrategia, no solo mejora nuestra capacidad para enfrentar desafíos, sino que también ofrece beneficios psicológicos significativos. Al abordar de manera activa y estructurada las dificultades diarias, fortalecemos nuestra salud mental y emocional.

La práctica regular de la resolución de problemas estimula la neuroplasticidad, favoreciendo la formación de nuevas conexiones neuronales. Esto se traduce en una mayor capacidad de concentración, memoria y toma de decisiones. Además, al abordar problemas de manera estructurada, se facilita la claridad mental y la organización del pensamiento, fortaleciendo un pensamiento más equilibrado.

Superar desafíos mediante la aplicación estrategias efectivas refuerza la resiliencia, permitiéndonos adaptarnos mejor a situaciones adversas. Cada solución realizada de forma exitosa incrementa la autoconfianza y la percepción de competencia personal. El aprendizaje que adquirimos al resolver problemas complejos, puede trasladarse a la vida cotidiana a la hora de afrontar dificultades. Esta actitud contribuye al bienestar general, aumentando la satisfacción con la vida y reduciendo la propensión a la rumiación y los pensamientos negativos.


 

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la voz interior