El consumo de drogas constituye en la actualidad un importante fenómeno social que afecta especialmente a los adolescentes. La prevalencia del uso y abuso de drogas en la etapa adolescente y adultez temprana son altas (Becoña, 2000).

Estudios epidemiológicos (Angold and Costello, 2001; Moffit et al, 2002) apuntan a un incremento en la tasa de trastornos psiquiátricos en la adolescencia, y muestran que tanto los problemas de internalización como de externalización aumentan durante esta etapa

Concretamente, iniciarse en el consumo de alcohol entre los 11 y los 13 años se relaciona con un mayor riesgo de sufrir alteraciones psicológicas en el futuro. Los síntomas más frecuentemente referidos son malestar corporal, hostilidad y agresividad.

Kandel y Jessor, (2002) explican la “hipótesis de la puerta”, que describe el hecho de que el inicio del consumo de drogas legales precede al consumo de drogas ilegales, por tanto una edad más tardía en el inicio del uso de drogas correlaciona con una menor implicación en el consumo y una mayor discontinuidad en el uso (Kandel, Single y Kessler, 1976).

Todos estos datos hacen que desde Fundipp se considere imprescindible que las intervenciones preventivas se centren en la adolescencia, etapa donde comienzan los consumos de sustancias.

El siguiente artículo se puede leer cómo el consumo de alcohol durante la pubertad se asocia con alteraciones psicológicas futuras.

 

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