¿Qué es el ostracismo? Un fenómeno ubicado en diferentes contextos y culturas de todo el mundo. Es el rechazo que sufren las personas al ser ignoradas, excluidas socialmente. Capaz de frustrar necesidades humanas básicas como la de pertenencia, autoestima, control o de una existencia con sentido. Sus consecuencias son gravísimas y negativas pudiendo derivar en depresión u otros problemas de salud que elevan la mortalidad.

El ostracismo acompaña al ser humano desde su existencia, amenaza su supervivencia. Ha sido utilizada como herramienta de control social para dirigir a los miembros problemáticos en el grupo, incluso para eliminarlos en supuesto beneficio del colectivo.

En sociedades ancestrales o trivales se ha descrito como “muerte social”, ya que eliminaba todos los vínculos necesarios para la supervivencia.

Con lo cual, atendiendo a un enfoque evolucionista, defendido por varios autores, podría deducirse que los organismos que pudieron detectar los primeros indicios de rechazo y supieran contestar adecuadamente fueron capaces de sobrevivir y reproducirse con éxito. Analizaremos tres campos de investigación dentro de la psicología social al respecto de esta idea:

  • Comparación entre dolor físico y social
  • Detección del ostracismo
  • Respuesta de individuos rechazados buscando la reinclusión.

Comparación entre dolor físico y social

Actualmente reconocemos la existencia de un solapamiento entre sistemas fisiológicos y neurológicos para la detección del dolor físico y social. Los sensores de dolor físico en el cerebro captan daños o amenazas físicas que atentan contra la supervivencia y de ahí que también capten dolor social que igualmente amenaza su supervivencia.

Estudios con RMN funcional han concluido que los humanos experimentan el ostracismo como dolor a nivel neurológico. Individuos que toman paracetamol sienten menos malestar al ser rechazados socialmente que los que toman placebo, lo que sugiere que disminuir el dolor físico disminuye también el dolor social.

Al margen de esta unión hay diferencias entre uno y otro, así el dolor social puede ser reexperimentado.

Estos estudios apoyan el argumento de que las oportunidades de supervivencia y reproducción serán mayores en los que detecten la exclusión social, igual que ocurre con el dolor físico.

 

Detección del ostracismo

El segundo campo de investigación se refiere a como los seres humanos captamos el rechazo. Da igual de qué manera sea, cara a cara, en chats… El rechazo duele siempre, independientemente de que  si no es intencionado o incluso provenga de un ordenador por razones económicas.

El rechazo puede ser detectado en clave no verbal, la falta de contacto visual. Los humanos son sensibles incluso a señales ligeras de ostracismo. Lo cual hace suponer un Sistema de Detección de Ostracismo.

Respuesta a la exclusión

Tercera línea de investigación, cómo respondemos a la exclusión, principalmente buscando la reinclusión en el grupo. El individuo rechazado analiza las razones y plasma estrategias de reinclusión. Se someten a tácticas de influencia social, muestran interés en nuevos grupos, es probable que imiten, no conscientemente, la mímica de los demás, están más atentos a la información social y la recuerdan mejor.

Ostracismo en relaciones románticas

El ostracismo genera un mayor interés por las relaciones sociales. La pregunta es qué efecto tiene sobre las relaciones de pareja. Algunas investigaciones denominan el rechazo que sufre un individuo en pareja como “tratamiento del silencio”, lo que viene a ser que se pongan morros o ignorar a la pareja. Un estudio norteamericano señalaba que un 67% utilizaba esta técnica y un 75% lo sufría. Ahora bien, faltan estudios para determinar cómo afecta el ostracismo en función del tipo de relación o apego que hay con otro individuo. Hay autores que señalan que la inseguridad, en este caso, favorece a la amenaza.

Reinclusión o Conducta Antisocial

Cuando un sujeto experimenta ostracismo su contestación puede no ser la búsqueda de la reinclusión, optando por su opuesto, presentar una conducta antisocial. Williams y Wesselman señalan que un individuo excluido debe buscar la reinclusión pero cuando ésta es poco probable debería responder de forma antisocial.

¿Cómo ayudamos a un sujeto excluido?

Los estudios señalan que el ostracismo crónico conduce en primera fase a la depresión, la indefensión, problemas de salud físico o autoestima. Y en segundo lugar se traducen en resignación o aceptación. Para evitar esta segunda fase, atendiendo a la visión evolucionista del ostracismo la respuesta más acertada sería promover todas las estrategias posibles que deriven en la reinclusión. Solo sí este enfoque falla podría pensarse en intervención farmacológica.

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