Cómo decide nuestro cerebro a quién le echamos la culpa de algo.
Queremos recomendar artículo sobre los beneficios de la risa publicado en El País.
Errar es humano. El hombre lleva metiendo la gamba desde que se puso de pie. Y casi tan asiduo es errar como intentar echar balones fuera. Escuchar un «lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir» es prácticamente una quimera, porque la fórmula se pronuncia cuando el fallo es realmente evidente. Y a veces ni aún así.
Ante una acusación, primero habría que «analizar la relación real que tenemos con el fenómeno con el que se nos vincula y, segundo, comprobar hasta dónde llega nuestra responsabilidad», repasa el psicólogo Raúl Padilla.
Ese es el inicio del camino, que luego pasará por asumir nuestra responsabilidad y actuar en consecuencia, pidiendo en su caso disculpas por el daño causado y prestándonos a restaurarlo.