Hay que drenar la cloaca digital.
Queremos recomendar un artículo sobre los ataces a traves de las redes sociales publicado en El Mundo.
El odio no nació con las redes sociales: sólo se hizo más visible. Pero esa visibilidad genera un efecto mimético, difunde un contraejemplo que anima a otros y termina socavando la moral pública. Por eso internet exige regulación: porque no es un plano virtual de la vida, sino la vida real expresándose a través de las nuevas tecnologías. Las redes sociales no pueden convertirse en guetos indeseables donde no entre el Estado de derecho. Los tribunales -hay sentencias recientes y se abren nuevas investigaciones- van poco a poco llenando la laguna jurídica de una anomia digital de la que se sirve el agresor anónimo para dar rienda suelta a sus peores impulsos.