A lo largo de estos días os vamos a ir dejando una serie de entradas al blog extraídas de la guía de Trastorno limite de la personalidad
Publicada por el Instituto Nacional de la Salud Mental, Departamento de Salud y servicios Humanos de los Estados Unidos.
Empezamos con esta primera.
Del Trastorno Límite de la Personalidad al reconocimiento de disfunciones de la personalidad.
(o “personalidad disfuncional”, aunque a mi gusto esto termina igualmente por ser algo rígido y discriminador, pues engloba a la personalidad en su totalidad, desestimando eventuales aspectos positivos…al decir disfunciones en la personalidad, creo que apuntamos a aquello disfuncional, pero no a la personalidad en su totalidad. Es quizás sólo semántico, pero me atrevo a proponerlo)
¿Qué hemos entendido históricamente como “el trastorno límite de la personalidad”?.
El trastorno límite de personalidad es una manera hoy arcaica para dar cuenta de aquellas formas o estructuras de personalidad que no responden siempre de manera funcional a las demandas propias de un entorno socio-histórico y cultural determinado, que define estándares para configurar o definir aquello que –en salud mental- llamamos normalidad, y por añadidura también para definir aquello hallado fuera de dicha configuración.
Históricamente, al hablar de trastorno límite de personalidad se han reconocido tres aspectos fundamentales que lo describirían: estado de ánimo, comportamiento y relaciones inestables. Si bien dichas distinciones conservan validez en la actualidad, nos referiremos a ellas en un modo diferente al acuñado hace más de 40 años atrás, en un contexto de desarrollo de la salud mental en general y de la comprensión del malestar psicológico en particular, muy distinto al presente. Fue en 1980 cuando el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastorno Mentales, Tercera edición (DSM III por sus siglas en inglés) enumeró por primera vez al trastorno límite de la personalidad como “una enfermedad diagnosticable”. El DSM sigue siendo el manual más utilizado por psiquiatras y otros profesionales de la salud mental para diagnosticar enfermedades mentales.
La mayoría de las personas con disfunciones de personalidad sufren de:
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Problemas para regular sus emociones y pensamientos
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Comportamiento impulsivo y riesgoso
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Relaciones inestables con otras personas
Las personas con disfunciones de la personalidad propenden a padecer con mayor facilidad trastornos como depresión, trastornos de ansiedad, abuso de sustancias y trastornos alimentarios, como así también riesgo de autoagresiones, comportamiento suicida o suicidio.
Según datos de un subconjunto de participantes de una encuesta nacional sobre trastornos mentales, aproximadamente el 1,6 por ciento de los adultos de los Estados Unidos sufren disfunciones de la personalidad de la naturaleza señalada.
Con frecuencia, las disfunciones de la personalidad se han considerado difíciles de tratar, sin embargo, investigaciones recientes muestran que dichas disfunciones pueden tratarse con eficacia y que muchas personas que las padecen mejoran con el tiempo.
¿Qué características o manifestaciones permiten identificar una personalidad disfuncional?.
En el DSM-IV-TR (cuarta edición del DSM, texto revisado) se define que una personalidad disfuncional estará descrita por el reconocimiento de un patrón duradero de comportamiento que incluya -al menos- cinco de las siguientes manifestaciones:
- Reacciones extremas, como pánico, depresión, ira o acciones frenéticas, incluyendo abandono real o percibido
- Un patrón de relaciones intensas y tempestuosas con la familia, amigos y seres queridos, que en general cambia entre la cercanía extrema y amor extremo (idealización) a una aversión o ira extremas (devaluación)
- Imagen propia o autoestima distorsionada e inestable, que puede causar cambios repentinos en los sentimiento, opiniones, valores o planes y objetivos para el futuro (como las elecciones de estudios o carrera)
- Comportamientos impulsivos y con frecuencia peligrosos, como comprar “a lo loco”, sexo sin protección, abusar de sustancias, conducir en forma imprudente y darse atracones de comida
- Comportamientos o amenazas suicidas recurrentes o comportamientos de automutilación, como cortarse
- Ánimos intensos y muy cambiables, con episodios que duran desde unas pocas horas hasta varios días
- Sentimientos crónicos de vacío o aburrimiento
- Ira inadecuada e intensa o problemas para controlar la ira
- Pensamientos paranoicos relacionados con el estrés o síntomas severos de disociación, como sentirse separado de uno mismo, observarse desde fuera del cuerpo o perder contacto con la realidad
Eventos aparentemente mundanos pueden activar ciertas manifestaciones disfuncionales. Por ejemplo, enojo o aflicción por separaciones menores, como vacaciones, viajes de negocios o cambios repentinos de planes, de personas que sienten cercanas. Los estudios demuestran que las personas con personalidad disfuncional pueden ver ira en un rostro que no muestra emociones, y que tienen una reacción más fuerte a las palabras con significado negativo que otras personas.
Suicidio y autolesiones.
La conducta autolesiva incluye suicidio o intentos de suicidio, así como las conductas autodestructivas que se describen a continuación. Al menos el 80 por ciento de personas con disfunciones de personalidad tienen comportamientos suicidas y aproximadamente entre un 4 y un 9 por ciento se suicidan.
El suicidio es una de los resultados más trágicos de cualquier afección psíquica. Algunos tratamientos pueden ayudar a reducir el comportamiento suicida de las personas con disfunciones de personalidad. Por ejemplo, un estudio demostró que la terapia dialéctico-conductual /TDC) reduce los intentos de suicidio en las mujeres a la mitad en comparación con otros tipos de psicoterapia o terapia de diálogo. La TDC también reduce el uso de la sala de emergencias y servicios de hospitalización, así como retiene una mayor cantidad de participantes en la terapia, en comparación con otros enfoques de tratamiento. En próximas publicaciones nos referiremos a esta forma de terapia.
A diferencia de los intentos suicidas, las conductas autodestructivas no se originan necesariamente a partir del deseo de morir. Sin embargo, algunas conductas autodestructivas pueden poner en riesgo la vida. Las conductas autodestructivas vinculadas con disfunciones de personalidad incluyen cortarse, quemarse, calentarse, golpearse la cabeza, tirarse el cabello y otros actos dañinos. Las personas disfunciones de personalidad pueden tener una conducta autodestructiva para que los ayude a regular sus emociones, para castigarse o para expresar su dolor. No siempre perciben estos comportamientos como perjudiciales.
Entrada escrita por:
José María Arriagada Salgado
Psicólogo adolescentes y adultos
ps.josemaria@gmail.com
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