El 77% de los niños que emigran por el Mediterráneo sufre abusos.
Los resultados revelan que la ruta que atraviesa el Mediterráneo central hacia Italia es la más peligrosa.
Para sufragar el gasto, se ven obligados a trabajar por el camino.
Aimamo, el adolescente gambiano, esperaba ser pagado en Libia por su trabajo. No se imaginaba que ese empleo que le permitiría seguir su camino era en realidad una cárcel. Igual le ocurrió a Sanna, también gambiano, de 17 años. «Los libios no querían pagarnos y, si discutíamos, con ellos sacaban el arma. No podíamos hacer nada, éramos esclavos».
Tanto Unicef como la OIM instan a las autoridades estatales a adoptar estrategias en varios frentes que protejan a los niños migrantes. Entre ellos, mencionan la expansión de canales de migración regulares y seguros con el fin de disminuir la injerencia de traficantes de personas.
