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«El 40% de las internas en el Psiquiátrico de Bétera no tenían enfermedad mental,

tenían malestar fruto de los patrones de género».

La psiquiatra María Huertas  recopila en ‘Nueve nombres‘ historias de internas que pasaron del manicomio de Jesús al psiquiátrico de Bétera, parte de ellas víctimas de la violencia machista, encerradas como castigo.


Tener nombre implica ser reconocido como sujeto, existir. Despojar a alguien de su nombre es el primer paso para borrarlo, para hacerlo desaparecer, para vaciarlo de identidad. En marzo 1974 doscientas mujeres fueron trasladadas del manicomio de la Calle Jesús de Valencia, un obsoleto convento gestionado por una congregación religiosa, al recién inaugurado Hospital Psiquiátrico de Bétera, uno de los mayores de Europa que pecaba desde su nacimiento de los mismos vicios, pero con un lavado de cara.

De Jesús salieron sin nombre, o con uno mal puesto, y sin rastro de objetos personales ni de vínculos afectivos. Se fueron con lo puesto, sin advertencia ni información. Sus escasos bienes, como su vida, fueron institucionalizados; su ropa, sus zapatos, sus batas, se repartían de forma indiscriminada, a ojo, según talla de pie o de pecho, en el momento de su internamiento. Esponjas y geles compartidos, papel higiénico a granel. En Jesús se les arrebató todo objeto personal, fotografías, cartas o libros; ninguna posibilidad de recordar, de tener pasado, de construir futuro.

A Bétera llegaron hechas polvo, hipermedicadas, sin hablar y sin relacionarse.

El psiquiátrico de Bétera se vendió como un modelo nuevo y renovado pero se cimentó sobre una estructura arcaica, un modelo de salud mental de clausura y castigo, aún impregnado de los vicios de la España tardofranquista. El macrocentro formó parte de la urbe, pero en las afueras, tras bastos muros, cruzando una carretera nacional y más adelante las vías del metro, frente a un bar que pronto se convirtió en el prostíbulo de referencia de la comarca, anexo al polígono industrial.

«El modelo de Bétera era el modelo de Jesús pero en otra infraestructura», explica María Huertas Zarco, psiquiatra y exjefa del Servicio de Salud Mental del que dependía el hospital, el Arnau de Vilanova. Jardines, piscina, incluso un hotel que terminaron usando los residentes para pasar las guardias componían un espacio que seguía destinado a encerrar a las personas con patologías mentales. Huertas comenzó a trabajar en el psiquiátrico desde su inauguración en 1973, donde puso en marcha varios proyectos con mujeres internas que exploraban alternativas a la psiquiatría imperante en España.

La psiquiatra, una de las referentes feministas de su campo profesional, acaba de recopilar en Nueve nombres (Ediciones Temporal, 2021) sendas historias de mujeres que reconstruyeron su vida fuera de los muros.

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Articulo extraído de la pagina web.https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/sociedad/40-internas-psiquiatrico-betera-no-tenian-enfermedad-mental-tenian-malestar-fruto-patrones-genero_1_8027090.html. Bajo el titulo. «El 40% de las internas en el Psiquiátrico de Bétera no tenían enfermedad mental, tenían malestar fruto de los patrones de género». Articulo publicado por.  para. www.eldiario.es. Con fecha 12-06-2021.

el Psiquiátrico de Bétera

2021-06-15T10:28:00+02:00
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