«La heroica ciudad dormía la siesta».
Pedro no había acudido al taller para aprender a escribir, sino para aprender a escribirse. Y de esto era de lo que pretendíamos hablar desde el principio de estas líneas, de las fronteras entre lo inteligible y lo ininteligible; de los problemas de lo que entendemos y las virtudes de lo que no entendemos; de la diferencia entre hablar y ser hablado o escribir y ser escrito.
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