Marino Pérez, miembro de la Academia de Psicología de España.
Con motivo de la publicación del nuevo libro de Marino Pérez, El individuo flotante (Deusto, 2023), este concede una entrevista al medio Libertad digital.
Exponemos a continuación una pequeña parte de la misma.
El psicólogo Marino Pérez Álvarez (Ese de Calleras, Asturias, 1952) sostiene que el uso excesivo de las redes sociales alimenta, que no genera –la cosa venía de antes–, «malestares que de otra manera no tendrían la presencia y la prestancia que tienen».
P: Señor Pérez, leyendo su libro me acordaba de una entrevista que concedió David Bowie en 1999 a la BBC. El periodista restaba importancia al fenómeno internet, y el cantante le contradecía señalando que «el potencial de cómo va a afectar a la sociedad, tanto para bien como para mal, es inimaginable». «Estamos en la cúspide de algo que será estimulante y terrorífico», añadía. No iba mal encaminado Bowie, ¿verdad?
R: No, no, ciertamente. Todo eso se ha confirmado. Internet y, en concreto, las redes sociales, son fascinantes y estimulantes y, a la vez, son terroríficas por las consecuencias que se están viendo en los usuarios más sumergidos, o más empedernidos. El pronóstico se ha confirmado. Suele ocurrir, en general, con las nuevas tecnologías que se van incorporando a la vida cotidiana: por un lado, sirven a la vida y mejoran muchas condiciones, facilitan las cosas; por otro, traen consecuencias imprevistas o indeseadas.
P: ¿Qué parentesco tiene el «yo expresivo actual» con Lutero?
R: Una característica del individualismo actual es la necesidad que tiene la gente de expresar sentimientos que considera que son autóctonos, autooriginarios, como si no fueran influidos por la sociedad. Eso viene, efectivamente, de Lutero, en base a sus propias experiencias místicas, de sentir a Dios dentro de sí mismo al margen de las sagradas escrituras o de los rituales religiosos y demás. Esas experiencias están en el origen, en el protoorigen del Romanticismo alemán, que luego cultivaría el interior de uno como una fuente originaria de sentimientos, de la autenticidad de dentro de uno, y que se prolonga en nuestra sociedad en muchos ámbitos, promovidos por la propaganda.
P: Usted explica que las redes sociales no crean la depresión, la ansiedad, la soledad o las autolesiones, pero sí que las incrementan.
R: Los problemas psicológicos que tienen, sobre todo, los adolescentes, ya venían de antes de que existieran las redes sociales. Estas se generalizan a partir de 2012, que es cuando se observan más problemas, pero los problemas ya venían de antes. Las redes exacerban esos problemas anteriores por estas paradojas: uno cree que se está expresando y, en realidad, está siguiendo fórmulas y estándares. Uno cree que tiene muchos amigos, que se conecta con mucha gente, pero, en realidad, está solo cuando se desconecta.
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