¡Que esperen los pobres!

 

 

Más allá de todo eso hay un motivo por el cual recurrir de forma sistemática a derivar pacientes a la privada para aligerar las listas de espera es una mala idea, y es que no se pueden arreglar problemas estructurales con medidas coyunturales. Todos los sistemas autonómicos de salud derivan pacientes a la sanidad privada para la realización de pruebas diagnósticas (esto tiene problemas específicos, especialmente en las pruebas de seguimiento) y de intervenciones quirúrgicas, y todos reinciden año tras año para derivar una demanda que no es coyuntural, sino que forma parte de las necesidades (o de la demanda, lo de la “necesidad” es algo más complejo) estructurales del sistema sanitario.

De este modo, el dinero invertido en dar salida a la lista de espera por esta vía no se está invirtiendo en dotar al sistema sanitario público de la estructura necesaria (personal, infraestructura y mecanismos de auditoría de esas listas) para que en años posteriores no sea preciso recurrir a la sanidad privada para que esas listas de espera no sean aún más interminables.

En resumen, el coste de oportunidad de derivar las listas de espera a la sanidad privada es no poder mejorar las estructuras que deberían dar respuesta a esas listas de espera, ayudando a que se perpetúen (e incrementen) en el futuro.

 
 

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¡Que esperen los pobres!