María Antonieta Mendívil reflexiona sobre las maternidades e insiste en la importancia de nombrarlas “lejos de esencialismos y mitos impuestos”.

Antes de la pandemia, me preguntaba cómo podía combinar maternidad y escritura. Ahora esa pregunta parecía perder relevancia en el nuevo contexto; durante el resguardo, quienes maternamos lo hacemos en el aislamiento, sin esa red colaborativa con la que podemos contar; la escuela, docentes, los comedores escolares, las clases extraescolares, las y los abuelos, terapeutas, niñeras, otras mamás en el parque y los niños y niñas que juegan ahí, las amistades y familiares.

¿Quién busca un resquicio para vocaciones ahora más marginales que nunca?, me pregunto.

(Y sí. Muchos padres están presentes y ejerciendo una paternidad responsable y coparticipativa en el aislamiento. Pero ya ellos tendrán oportunidad de reflexionar y escribir sus experiencias; nosotras no cometeremos el error de escribir sobre ellas desde una visión ajena).

Las experiencias compartidas con madres cercanas hablan de agotamiento, desbordamiento, soledad, incapacidad, falta de control, culpas, depresión, desánimo, desesperanza, estrés en grados límites.

Y así como el confinamiento nos ha enfrentado con un espejo de rostros lavados, de raíces revelando disolutas sus verdaderos colores en la cabellera, de ropa menos estilosa pero más cómoda, de manos maltratadas entre el jabón y el cloro, ante el mismo espejo nos estamos permitiendo como madres hablar del peso de la maternidad, sin guardar apariencias y sin edulcorar la labor.

Las pequeñas charlas en los encuentros en la escuela, o ese mundo idealizado en las tres horas que duran las piñatas, o en la hora del parque, nunca dan pie para hablar del entramado en el anverso de la maternidad. Nos han dicho por tanto tiempo que el embarazo es la dulce espera, que la maternidad es un privilegio, que hacemos acopio de toda nuestra energía para parecer a esas mujeres que vemos en la publicidad, en las películas, en los rostros de esas otras madres que lucen tan sonrientes, amorosas y con todo bajo control, pero que de igual manera fingen ser eso que suponen que nosotras somos: madres sonrientes, amorosas y con todo bajo control.  Ahora debemos permitirnos decirlo: ¿No es patético?


“Y esa sensación abrumadora ante la maternidad tenía palabras y adjetivos que no nos atrevemos a nombrar y que no nos hemos permitido admitir: brutalidad, monstruosidad, invasión, usurpación, pérdida, violencia, disrupción, interrupción, drenar, vacío, ocupación, suplantación, dolor, sangre, enfermedad, desgaste, exigencia.”


Ese desbordamiento por la labor maternal retornó a la idea prepandémica de combinar escritura y maternidad. Y el nuevo propósito parecía aupado por la oportunidad y la rebeldía de no querer ser solo la madre que trabaja, cuida y cocina. Así que durante las vacaciones laborales aproveché para investigar y buscar a escritoras, proyectos, editoriales, redes de visibilización y colaboración, talleres literarios, colectivas, que de alguna forma propusieran otro abordaje al que suele darse en los círculos literarios, eminentemente patriarcales, que se mueven más entre pactos de cantina que en redes colaborativas.

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Articulo extraído de la pagina web. https://estepais.com/sociedad_nueva/maternar-en-confinamiento/. Bajo el titulo. Maternar en confinamiento. Articulo escrito por. Maria Antonieta Mendivíl. Publicado por www.estepais.com. Con fecha 28-07-2020.

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