Fácil decirlo, una meta excelente y difícil de conseguir.
NO TE ACEPTES (TAL Y COMO ERES).
Allí donde miremos siempre habrá algún eslogan animándonos a «ser nosotros mismos»; Pero esta invitación a aceptarse «tal y como somos» resulta o bien redundante, o bien un alegato en favor de una autenticidad narcisista.
La falsedad de un tópico suele ser directamente proporcional a la solemnidad con la que se enuncia. Tal vez por este motivo, y cada vez con más frecuencia, los gurús del humo de feria contemporáneo emiten, con gravedad pero sin gracia, algunas exhortaciones de dudoso rendimiento moral, y, sobre todo, sin ninguna vocación de certeza.
Allí donde miremos siempre habrá algún eslogan animándonos a creer que no hay nada imposible, algún coach invitándonos a «ser nosotros mismos» o alguna influencer afanada en hacernos creer que debemos aceptarnos «tal y como somos».
No les hagan caso.
Con respecto a la primera frase, en la que no deja de vislumbrarse la inquietante confianza en el triunfo de la voluntad que todo lo puede, no hará falta invertir ni una sola línea para enumerar el conjunto (este sí potencialmente infinito) de cosas que son humanamente imposibles.
Si bien la lógica y la naturaleza pautan el límite de la posibilidad de lo imposible, es el ámbito moral el que debería advertirnos del contrasentido que puede suponer la necesidad o conveniencia de ser nosotros mismos. De algún modo, eso de ser uno mismo resulta o bien redundante (lo formidable sería que pudiéramos ser algo distinto de lo que somos); O bien un alegato en favor de una autenticidad narcisista.
No deja de resultar sospechosa la confianza con la que muchos deciden resguardarse del esfuerzo y el coraje vital con la absurda e infantil coartada de a aceptarnos tal y como somos. Es obvio que existe un catálogo de condiciones no elegidas en la vida de cada ser humano que haríamos bien en aceptar o, más específicamente, en saber conllevar con templanza.
No deberíamos castigarnos demasiado por aquellas cosas que nos resultan inimputables y sería razonable, qué duda cabe, asumir con humildad aquellas determinaciones que nos hacen ser lo que somos sin haberlo elegido.
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