A lo largo de las últimas décadas, la psicoterapia se ha visto envuelta en numerosas polémicas generadas por las diferentes ramas u orientaciones de los profesionales de este área.

Un elemento que ha mantenido este conflicto a lo largo del tiempo es la lucha de intereses entre las grandes escuelas de psicoterapia. Al fin y al cabo la psicoterapia es en parte un negocio como cualquier otro, en el que se “venden” investigaciones y tratamientos al público. Es por ello que desde el primer momento cada corriente ha tratado de conseguir el monopolio y el poder, afirmando que sus formas de hacer terapia son las más eficaces.

Esta situación genera en muchos casos que las investigaciones se centren más que nada en los beneficios económicos en vez de mejorar las terapias o aportar conocimiento científico, llegando en diversas ocasiones a publicar los resultados que a ellos les interesa y olvidando los que no les gustan a pesar de ser útiles para otras investigaciones.

A veces se cree que la psicoterapia no tiene un impacto económico tan relevante en comparación con otros sectores del campo de la salud, lo cual es un error. En el año 2020, en España, se dieron unas 39 millones de visitas a profesionales de la salud mental. Con este dato, nos podemos hacer una idea de la cantidad de dinero que genera la psicoterapia.

En relación con los tratamientos que se ofrecen en el área de la psicoterapia , las diferentes orientaciones han dedicado su existencia a tratar de demostrar que sus terapias son las más eficaces y en todo este tiempo el poco consenso que se ha obtenido es principalmente que para tratar algún problema de salud mental es mejor hacer cualquier tipo de psicoterapia a no hacerla.

Se han realizado incontables investigaciones para determinar la efectividad de las diferentes terapias de las grandes escuelas y se ha determinado que cada una hace una pequeña aportación al total de la efectividad terapéutica, añadiendo incluso aquellas escuelas que no se han basado en la experiencia y en la observación de los hechos.

Las cifras aportadas por las investigaciones son claras: entre el 75 y el 80% de los pacientes que acuden a un profesional de la salud mental y reciben algún tipo de terapia se benefician de ella, por lo tanto, la gran mayoría de terapias ofrecidas por las distintas escuelas son de una similar utilidad para las personas.

Pero a pesar de las evidencias de que la gran mayoría de terapias que ofrecen las orientaciones tienen una eficacia similar, el hecho de que los terapeutas y los investigadores tengan preferencias por una escuela u otra tiene un gran peso a la hora de obtener y distribuir el conocimiento científico.

Si atendemos a los datos de las investigaciones y si dividimos a los profesionales en dos grupos muy generales según su escuela, siendo estas las Terapias Cognitivo-Conductuales y las Psicoterapias (o simplemente las no conductistas), podríamos ver que el número de terapeutas que siguen cada orientación es muy similar.

Aunque es cierto que la mayoría de investigaciones son realizadas en unos pocos países del mundo, como por ejemplo en Estados Unidos, dónde muchas de esas escuelas surgieron. Esto da para pensar que estas investigaciones que nos aportan datos sobre la prevalencia de una escuela u otra, están sesgadas ya que solo atienden un determinado lugar y por ello sería incorrecto generalizar los resultados.

Por ello es importante que cuando se realice un estudio sobre la evolución de la psicoterapia, también se atienda al país desde el que se realiza el estudio, no solo limitarse a observar lo que pasa en otros lugares del mundo.

En España, por ejemplo, a lo largo de los años ha habido un constante flujo de población europea debido a circunstancias laborales o sociales. Este flujo ha provocado que también entren y salgan profesionales de la salud mental llevando consigo las escuelas y orientaciones que siguen, teniendo así una psicoterapia más globalizada y dónde se pueden escoger más opciones.

Pero en el día a día, cuando nos encontramos un paciente y le dedicamos una terapia específica, sabemos que el siguiente paciente seguramente necesite otra terapia diferente y el siguiente otra y así sucesivamente. Por tanto, seguir una orientación es una buena base para guiar el formato de una terapia, pero todos sabemos que para tener éxito y ayudar mejor al paciente, el terapeuta debe amoldarse a él y ser capaz de ofrecerle un tratamiento personalizado para cada caso.

Observando este aspecto sería interesante que cuando los futuros terapeutas se estén formando, en vez de simplemente presentarles las escuelas tal y como son y que cada uno se vaya con la que más le guste, se pueda aportar una opción en la que se presente un modelo de hacer terapias que no se base únicamente en las teorías de una rama de la psicología, sino que abarque los mejores aspectos de cada una.

La forma de ver la psicoterapia desde un punto de vista que no sea el de una escuela en concreto es de gran interés ya que de este modo se puede abarcar una amplia gama de nuevas técnicas y formas de terapia que no se podrían conseguir encerrándose en las creencias de una orientación.

De hecho, no es algo raro encontrar terapeutas que estén influenciados por dos o más escuelas y esto es debido a que con el tiempo y la experiencia los terapeutas tienden a realizar las terapias de la forma que mejor se les da, en base a su personalidad y a la del paciente; lo cual no siempre tiene que estar ligado a las pautas que debería seguir según su escuela propone.

Y es que ciertamente a la hora de realizar terapias, independientemente de la orientación que se esté siguiendo, hay numerosos aspectos que coinciden como por ejemplo la alianza terapéutica entre paciente y profesional, siendo esta una gran influencia en el éxito de la terapia. También tiene gran peso la empatía que el terapeuta sea capaz de expresar y el interés del paciente por recibir la terapia, lo cual hace que ciertas técnicas sean más sencillas de utilizar que otras.

Por tanto, la personalidad del terapeuta es también un factor de gran importancia a la hora de comprobar el éxito de la terapia, más incluso que las técnicas u orientaciones que se utilicen.

Como conclusión, es muy importante formarse en una de las grandes escuelas de la psicología para poder ofrecer terapias de calidad a los pacientes pero también es un error el cerrar las puertas a otras ramas y nuevas orientaciones.

Ninguna terapia es 100% eficaz para todos los pacientes que acuden a un profesional de la salud mental, por lo que ampliar el abanico de posibilidades de actuación siempre mejorará a los terapeutas.


Diego García Guerra.
Psicólogo, cursando el Máster en Psicología General Sanitaria.