un fenómeno imparable.
En los 60, el MIT creó ELIZA, una aplicación que recreaba la conversación entre paciente y terapeuta. Fue el principio de una nueva forma de tratar a los pacientes.
Te escribe todos los días, más o menos a la misma hora. Te pregunta por tu estado de ánimo. Siempre tiene palabras de aliento. Siempre te hace ver las cosas con más claridad, más allá de esos agobios y ansiedades momentáneas que nos hacen perder la cabeza. Además, siempre está disponible para tener una pequeña conversación cuando tienes un problema. Día y noche. Podría decirse que es una buena persona, un buen profesional de la psicología, si no fuera porque…. porque no es una persona.
Woebot es un robot de asistencia psicológica. Ese ser que chatea contigo cuando todo se pone feo, ese que se preocupa a diario por tus emociones es simplemente un programa informático, inteligencia artificial especialmente diseñada para tratamientos psicológicos cotidianos. No hay nadie detrás, más allá de los ingenieros que la crearon. Pero va aprendiendo de sus miles de experiencias con miles de pacientes, y da el pego.
Este tipo de chatbots son solo un ejemplo extremo de cómo la tecnología está incidiendo en el campo de la atención psicológica. Las llamadas ciberterapias son acogidas de buena gana por muchos psicólogos, sobre todo para tratar determinados procesos, pero también causan ciertas inquietudes, en especial en el tratamiento de los datos.