Liu Xianlang (seudónimo), una veterana psicóloga, no recuerda ya cuántos casos similares atendió desde que el 25 de enero, dos días después del cierre de Wuhan, quedó asignada a responder las llamadas de esa línea, junto a otras 20 personas.
Aquel día atendió 40 consultas en tres horas; recibió otras 200 más. “Al principio la gente estaba muy asustada. Algunos se habían quedado atrapados en Wuhan. O gente de Wuhan en otros lugares, que se veía rechazada por venir de donde venían. Estaban aterrorizados”, cuenta.