El periodista David Tejera, expresentador de los informativos de Cuatro y CNN+, cuenta su experiencia como enfermo de coronavirus. Estuvo ingresado en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid.
Al quinto día de enfermedad, ya es evidente. No respiras bien. En el ambulatorio lo confirman, los pulmones no están funcionando correctamente. Es urgente ir al hospital. Ya vives con mascarilla. El resto del mundo a tu alrededor también. Y los que no han conseguido una llevan pañuelos, bufandas, servilletas, trapos.
Eres capaz de llegar conduciendo y cuando te dicen que van a hacerte una placa, solo piensas que el daño sea menor, qué tratamiento te pondrán y, desde luego, volver a casa. Pero una doctora joven y con gafas te anuncia: «Tienes una mancha en los pulmones, te quedas ingresado». Hay que avisar. Caes en la cuenta de que no tienes cargador y tu móvil está al 70%. Así que llamas y avisas de todo. «Al menos estaré vigilado. Mejor así». Es martes.
Entras en una gran sala de urgencias. Abarrotada. Es como las escenas de guerra. Cuerpos derrumbados en camas, sillones. Sufrimiento por metro cuadrado. Muchos tosen, otros tiritando, otros piden ayuda porque se ahogan, y otros se dejan caer, vencidos por la fiebre y el miedo. Vuelan las enfermeras, los médicos. Tienen más de cien personas a las que atender.
Cuando te dan un pijama ya sabes que no volverás a casa tan pronto. Te han abierto una vía en el brazo izquierdo. Estás con 39 grados y hay que empezar a medicarte. En esas primeras horas ves gente mayor llorar, convencida de que no saldrá de esta porque tiene el corazón tocado o sufre de algo crónico. Lloran, hablan por teléfono, se desahogan. Todos están enfermos de lo mismo. Todos contagiados. Casi todos ardiendo. Todos asustados. Alguien te pide que aguantes, van a meter un bastoncillo larguísimo en tu nariz. Es un test de Covid-19. Minutos después de hacértelo escuchas que no sigan. Se han acabado los reactivos, no hay test. No quedan. No hay. Se acabaron los test y esto acaba de empezar.
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