¿Quién puede más la emoción o la razón?.

Si todavía no le he convencido del poder de las emociones considere la situación siguiente, más prosaica que las anteriores. Cuando usted va a comprar un número de lotería de Navidad y le ofrecen el 54713 o el 00012, ¿Cuál elije? Apuesto a que el primero. Hasta puede que piense ¿el 00012? ¿Cómo va a salir ese número premiado con el Gordo? ¡Imposible, ese número ni ha salido ni saldrá nunca! El 54.713 sí que podría salir, pues está entre los posibles. Ahora en serio. ¿Es que la bola que hay en el bombo con el 00012 es mayor que la del 54.713 y por eso tiene menos probabilidad de salir por el agujero de la suerte? Por supuesto que no. Ambas bolas son idénticas y tienen exactamente la misma probabilidad de que sus números respectivos sean acreedores de cualquier premio, el Gordo incluido. Entonces, el rechazo del número 00012 ¿es una decisión racional o emocional? Respóndase usted mismo.

 

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¿Quién puede más la emoción o la razón?.