“Debería enseñarse mindfulness en el colegio para formar el carácter”.
El mindfulness está de moda. En 2015 incluso la revista “Nature Neuroscience” dedicó una revisión a esta práctica tan extendida, que “desde la década de 1990 se ha aplicado a múltiples condiciones de salud mental y física, y ha recibido mucha atención en la investigación psicológica”, recogía la prestigiosa publicación.
“Las investigaciones realizadas en los últimos dos decenios respaldan ampliamente la afirmación de que la meditación consciente, practicada ampliamente para la reducción del estrés y la promoción de la salud, ejerce efectos beneficiosos sobre la salud física y mental y el rendimiento cognitivo. Recientes estudios de neuroimagen han comenzado a descubrir las áreas del cerebro y las redes que median estos efectos positivos. Sin embargo, los mecanismos neuronales subyacentes siguen siendo poco claros”, señala la publicación.
“Los estudios con resonancia magnética funcional y otras técnicas ponen de manifiesto que la práctica de mindfulness disminuye la actividad, o mejor, pone en ‘ocio relativo’, la denominada red neural por defecto, un conjunto bastante amplio de estructuras cerebrales que están especialmente activas cuando supuestamente estamos descansando. Son el sustrato neuronal del divagar, que nos lleva al pasado, a intentar solucionar problemas del presente o proyectarnos hacia el futuro”, explica Santiago Segovia, catedrático emérito de psicobiología de la UNED y director del centro Elea.
Recientemente, Santiago Segovia ha publicado “Mindfulness, un camino de desarrollo personal” en la editorial Desclée de Brouwer. “El propósito del libro es guiar al lector, más allá del alivio del estrés, ansiedad o cualquier otro malestar psicológico, en la práctica de meditación basada en mindfulness a fin de que aprenda e interiorice una nueva forma de conocerse a sí mismo y de relacionarse consigo mismo.
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