Rosa Ramos Torío.
La actual crisis sanitaria, provocada por la pandemia del coronavirus, ha empujado a “falsos” pseudoterapeutas y “falsos” psicólogos a ofrecer servicios de atención, sobre todo en redes, que no sólo perjudican a los profesionales autenticados, sino y, sobre todo, a los pacientes y/o usuarios que buscan auxilio. La pandemia está afectando a la salud mental de la población lo que ha disparado las peticiones de ayuda psicológica.
La ansiedad encabeza la larga lista de alteraciones que ha provocado o agravado esta crisis, pero también ha impulsado los trastornos obsesivos compulsivos y las adicciones, ha desregulado más la alimentación y el sueño, ha provocado problemas laborales como el mobbing o desmotivado a los mayores. Sin olvidar otros trastornos, como la depresión, que puede ver aumentados sus casos en pocos meses.
Para recibir esa ayuda psicológica, conviene acudir a psicólogos y psicólogas debidamente acreditados/as y huir de esas “falsas”, y en multitud de ocasiones, altamente perjudiciales, “pseudoterapias”.
Para ahondar en este tema nos ha parecido oportuno hablar con Rosa Ramos Torío; Coordinadora de la Comisión del Ejercicio privado, Intrusismo y Defensa de la Profesión del Consejo General de la Psicología y decana del Colegio de Psicología de Navarra.
Las estadísticas nos dicen que las consultas psicológicas han aumentado alrededor de un 30% a raíz de la pandemia. Ese incremento; ¿Se ha constatado también con las pseudoterapias?.
Durante la pandemia nuestra presencia en la sociedad alcanzó una importante relevancia, ya que en todas las comunidades los Colegios de Psicología ofrecimos atención telefónica a la población con intención de paliar en parte los efectos sobre la salud mental que produjo el confinamiento. Fuimos requeridos en diversos medios de comunicación, ofreciendo explicaciones sobre qué hacer y explicar cómo distintos tipos de población se veían afectados.
Esta presencia provocó que aparecieran un gran número de personas ofreciendo ayuda psicológica, en algunos casos coaches, falsos terapeutas que ofrecían todo tipo de ayudas para superar las secuelas que produjo la pandemia sin tener ninguna titulación reglada en Psicología ni en medicina, que les capacitara para tal función.
En el observatorio contra el intrusismo que ofrece el Consejo General de la Psicología, recibimos una media anual de 300 denuncias contra estas prácticas fraudulentas.
Los pacientes son los que más pueden verse perjudicados si caen en manos de estos “falsos” coaches o terapeutas. ¿Qué mecanismos tienen los psicólogos/as para frenarla si descubren que se está ofreciendo o dando una terapia sin evidencia científica?.
La casuística de los problemas psicológicos que van presentando las personas tienen un determinante de personalidad, pero también ambiental significativo, lo que supone que la Psicología como ciencia desarrolla un continuo análisis de los factores que van determinando los desajustes emocionales y los trastornos psicopatológicos de las personas en la sociedad.
Nuestro reciclaje es, por tanto, continúo y nos apoyamos en metodologías basadas en la investigación y los datos empíricos, que son los que nos indican qué sistemas de intervención son más eficaces y para qué problemas. Nuestros mecanismos, además, nos aportan una ética deontológica y un compromiso para con las personas.
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