Elizabeth Tarrío @elifergo1 (Médica).
Elizabeth Tarrío
Escribo a mis colegas con formación en medicina y en psicología.
Y a los colegios profesionales que nos representan.
Escribo sorprendida por el silencio generalizado de nuestros gremios ante lo que está sucediendo. Silencio; cuando no complicidad abierta.
Lo que supuestamente nos mueve en nuestras profesiones es el beneficio de quienes confían su salud a nuestras manos. Y estamos traicionando esa confianza dejando que se perjudiquen muchas personas.
Estamos permitiendo y validando la difusión de teorías acientíficas y su traducción en políticas y leyes, tales como las conocidas como leyes “trans”, que perjudican la salud principalmente de la infancia y de la población en general. Que se difunda la idea de que una atención adecuada de la salud mental es “patologizar” a las personas y que ser evaluado y atendido por profesionales con formación y acreditación es poco menos que someterse a una tortura. Y que se denigre la labor que ejercemos en nuestras profesiones.
Estamos permitiendo que nos impongan teorías absurdas y limiten nuestras actuaciones diagnósticas y terapéuticas, que están enfocadas en aras del bienestar de quienes atendemos.
Estamos permitiendo que nos obliguen a realizar acciones médicas innecesarias e incluso perjudiciales para las y los pacientes, so pena de recibir sanciones desmedidas en caso de negarnos.
Entiendo que hay poderosos intereses económicos detrás. De las grandes farmacéuticas, de clínicas y profesionales que pueden estar lucrándose sin escrúpulos. Pero no es este el caso de la mayoría. Por eso no se entiende este modo de actuar, esta obediencia ciega y acrítica con la que nos estamos dejando imponer dogmas y leyes.
¿Es acaso la comodidad de la ignorancia deliberada, al preferir mirar para otro lado?
¿Es acaso miedo, ante las amenazas de insultos y acoso por quienes consideran que cuestionar sus doctrinas es políticamente incorrecto?
“Despatologizar a las personas trans” es la justificación y la excusa a la que se está recurriendo para rechazar y desprestigiar los informes médicos y psicológicos.
Continua leyendo la Carta.