“Nadie lee; si alguien lee, no comprende; si comprende, enseguida olvida”.
La ley de Stanislav Lem es dura y tajante, como lo fue la apelación del joven Franz Kafka a aquel amigo al que en una carta le dijo que uno no leía un libro para ser feliz sino para que le despierte “como un puñetazo en la cara”…
En su ensayo Provocación (1982), Stanislaw Lem promulgó una provocadora ley de Stanislav Lem que consta de tres breves enunciados:
“Nadie lee nada; los pocos que leen, no comprenden nada; a los pocos que entienden, se les olvida enseguida”.
La cita está precedida por una observación acerca del temor de los editores a publicar libros debido a la habitual falta de tiempo, la oferta excesiva y la publicidad “demasiado perfecta”. Ni el carácter genérico de la ley, ni la exageración, y menos aún la ironía, logran desvirtuar el sentido de esas tres frases taxativas, escritas como en espiral, y que, a pesar de ir de menos a más -de ningún lector a los lectores más despiertos-, concluyen en la nada de la que partieron.
Hace casi tres siglos Georg C. Lichtenberg observó algo parecido, aunque con matices. Decía el sabio de Gotinga que los libros eran una de las mercancías más extrañas que había en el mundo porque, siendo impresos por gente que no los entiende, los vende gente que no los entiende, son encuadernados, criticados y leídos por gente que no los entiende; y, lo que es peor, escritos por gente que no los entiende.
La Ley de Lem es dura y tajante, como lo fue la apelación del joven Franz Kafka a aquel amigo al que en una carta le dijo que uno no leía un libro para ser feliz sino para que le despierte “como un puñetazo en la cara”, para que le golpee “como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos”, y “rompa el mar helado dentro de nosotros”. Sólo quien pensaba de esta manera pudo escribir lo que escribió apenas diez años después.
Cada uno de los tres enunciados de la La ley de Stanislav Lem puede transformarse en una pregunta sólo con anteponer un “por qué”:
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¿Por qué nadie lee nada?
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¿Por qué los pocos que leen no comprenden nada?
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¿Por qué los pocos que entienden, se les olvida enseguida?
Y que cada cual responda según su criterio.
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