La fundación ANAR @FundacionANAR advierte en su último informe de la Conducta suicida y salud mental, en la Infancia y Adolescencia en España, que desde el año 2019 solo un 44% de los jóvenes y adolescentes con conducta suicida ha recibido ayuda psicológica, debido principalmente a las largas listas de espera que ofrece la Seguridad Social y la dificultad para poder pagar un tratamiento privado. Además, este fenómeno que ha aumentado con los años está demasiado invisibilizado y estigmatizado por la sociedad.
En este informe se trata de identificar los problemas de conducta suicida en la población más joven, estudiar el perfil de los mismos y detectar los factores de riesgo y de protección que intervienen en estos comportamientos.
ANAR define la conducta suicida «como un continuo que va desde aspectos cognitivos como la ideación suicida, hasta los conductuales, como el intento de suicidio o el suicidio consumado». El suicidio es un fenómeno muy complejo en el que intervienen numerosos factores como las características del individuo, sus experiencias vividas y el contexto en el que vive; por lo que por ejemplo, eventos como la pandemia de Covid-19 ha provocado un gran aumento en el número de casos.
Se observa un mayor número de suicidios en hombres que en mujeres, aunque en las edades más jóvenes ambos géneros están a la par. Los jóvenes de población extranjera también padecen tasas más altas que los nacidos en España; además otros colectivos vulnerables como discapacitados o LGTBI tienen un mayor riesgo de tener ideación suicida.
Es importante destacar que las mujeres son las que más buscan ayuda a pesar de que los hombres se suicidan más, viéndose las diferencias de ambos géneros a la hora de afrontar situaciones de malestar y estrés.
Según el informe de ANAR, un ambiente familiar negativo o la falta de apoyo de los progenitores aumenta el riesgo de desarrollar conductas suicidas en los más jóvenes, siendo el factor más destacado la violencia ejercida contra los niños y la salud mental de los mismos.
Entre los factores de violencia, ANAR señala como las más frecuentes las siguientes: “dificultades en el ámbito escolar, acoso y ciberbullying, maltrato físico o psicológico, agresión sexual y violencia de género.
Dentro de la salud mental existen tres problemas relacionados con la conducta suicida: autolesiones; problemas psicológicos, en el que se incluyen depresión, ansiedad y trastornos de la conducta alimentaria (TCA); y problemas de conducta en los que se incluyen problemas en la gestión emocional y en control de impulsos, además de agresividad (auto y heteroagresividad).
A pesar de que el número de niños/as o adolescentes que han recurrido a tratamiento psicológico ha aumentado en los últimos años, la opinión de estos pacientes y sus familias ha sido bastante discutida y en el punto de mira. Como ya se había mencionado previamente, las grandes listas de espera en el Sistema Nacional de Salud sobre la intervención psicológica y el elevado coste en la sanidad privada, dificultan la accesibilidad a una posible ayuda, que en vez de facilitar se intenta suplir los recursos psicológicos prescribiendo fármacos que en vez de ayudar pueden tener el efecto contrario.
Es imprescindible una detección precoz de los casos de los niños/as o adolescentes con conducta suicida, de cara a coordinarse entre los centros escolares, servicios sociales y centros sanitarios. Es necesaria una mejora y mayor formación de los profesionales que trabajan con este tipo de pacientes, así como aumentar el personal en los servicios públicos y poder acceder a un tratamiento psicológico de manera más fácil. Se deben proporcionar los recursos suficientes para que los familiares y los niños/as o adolescentes puedan obtener ayuda de manera más rápida y óptima.
A modo de resumen, las principales recomendaciones en el Informe ANAR a son las siguientes:
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Desarrollar campañas de sensibilización sobre los mitos sobre el suicidio, que ayuden a convatir el estigma del suicidio. Comprender y atender a las señales suicidas, para lo cual es muy importante la atención a miembros de la familia, amigos y personas en el entorno cercano que puedan estar pendientes de dichas señales (como la agresividad, tristeza, pensamientos negativos, aislamiento, etc…). Es importante no minimizar el riesgo y dar importancia al problema que está teniendo lugar. Es fundamental una detección y atención precoz en el ámbito educativo y sanitario y aumentar la coordinación y enfoque multidisciplinar entre recursos escolares, sanitarios y sociales, promoviendo el trabajo con los colectivos implicados. La prevención primaria debe llevarse a cabo desde la familia, a la cual también es importante formar en materia de conducta suicida, además de a los adolescentes, familias, profesionales. Atender a los perfiles más vulnerables, como familias migrantes, personas con discapacidad, o del colectivo LGTBI. Una mayor implicación del sistema educativo es imprescindible para desarrollar competencias emocionales y promover factores de protección para reducir la conducta suicida. También dotar de más recursos especializados y profesionales, para que no exista tanta demora en la atención, e implementar mejoras en los recursos públicos de atención psicológica, que incluye reducir la lista de espera, atención psicológica frente a la farmacológica, etc.
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Articulo resumido por:
Laura Sanz Emeterio, Psicóloga
Diego García Guerra, Psicólogo
