Erich Fromm, psicoanalista neofreudiano, psicólogo social y filósofo humanista del siglo XX, articuló los diferentes tipos de personalidad de forma coherente con su noción de productividad.

Para el autor de ‘El miedo a la libertad’, ‘Del tener al ser’ o ‘El arte de amar’, la productividad constituye la capacidad del individuo para crear, producir y contribuir creativa y significativamente al mundo que le rodea. Se trata del compromiso que asumimos con nuestro crecimiento personal; del fruto del alineamiento entre nuestra labor y la conquista de nuestra libertad; de la armonía entre la lucha por la propia autonomía y el cultivo de los lazos con los demás.

Así entendida, la personalidad productiva permite hacer frente al malestar que resulta del baile entre la necesidad de libertad y de pertenencia. Favoreciendo la construcción de un vínculo genuino y potenciador con nosotros mismos (y, por ende, con los demás), este tipo de personalidad trasciende la producción material de bienes y servicios para catalizar la creación artística, el bienestar social y el desarrollo de vínculos amorosos, íntimos y significativos.

Toda personalidad distanciada de esta concepción de productividad es tildada, según Fromm, de improductiva. A esta categoría pertenecen 4 tipos de personalidad que, cabe recalcar, contienen rasgos más o menos presentes en todos nosotros. Por tanto, el objetivo no reside en desprenderse de las inevitables sombras y desavenencias de nuestro carácter, sino en tomar conciencia de las mismas para integrarlas y encomendarnos al desarrollo de una personalidad más productiva. A continuación se exponen los tipos de improductividad estructural:

La personalidad receptiva.

.

Las personas caracterológicamente receptivas tienden a ser pasivas y dependientes de la aprobación y el reconocimiento externos. Se orientan a la conformidad con las normas y expectativas sociales, al acatamiento y la obediencia a las figuras de autoridad y a la evitación de riesgos.

Ya que cuestionan sus propias capacidades y potencial, tienen dificultades para tomar decisiones y cuestionar activamente los conflictos e ideas, motivo por el que suelen gozar de una buena aceptación social y capacitad de sacrificio. Ya que carecen de la capacidad de apreciarse lo suficiente, lo verdaderamente ‘estimable’ proviene necesariamente del exterior, siendo este el motivo por el que persiguen la aprobación de lo demás y delegan en ellos. Les resulta complicado tomar decisiones, por lo que piden ayuda y consejo de forma habitual.

La personalidad explotadora.

.

Las personas con esta personalidad ven a los demás como medios para conseguir sus propios fines. Incurren en esta suerte de maquiavelismo por buscar el poder y la dominación, tendiendo a manipular y explotar a los demás para lograr sus fines con independencia del daño que infrinjan a terceros.

En general, se preocupan poco por los sentimientos y necesidades ajenas, relacionándose por puro interés o conveniencia. Tienden además a vincularse con personas susceptibles de ser ‘’explotadas’’.

La personalidad mercantil.

.

Las personas caracterizadas por rasgos de personalidad mercantil tienden a vincularse en calidad de producto que vender y promocionar. Les preocupa mucho su imagen pública y la opinión de los demás. En general, buscan la aprobación y el reconocimiento externos generando impresiones en el otro.

Establecen vínculos con un claro objetivo financiero o mercantil para posicionarse y adquirir un estatus social que satisfaga sus expectativas y colme su sentido de valía. Ya que entienden su propia valía en términos de estatus, los esfuerzos de estas personas orbitan en torno a la venta de su propia imagen.

La personalidad acumuladora.

.

Las personas con esta personalidad tienden a mantener una actitud posesiva hacia los bienes materiales y las personas en sus vidas. Les gusta coleccionar cosas y tener control sobre ellas. En las relaciones interpersonales, tienden a ser celosos y posesivos. Poseer es su objetivo fundamental, es de la posesión (del tener y no del ser, al igual que el resto de personalidades improductivas) que extraen su satisfacción personal.

Incurren en una especie de insatisfacción crónica por la falta de posesión de objetos, tendiendo a cultivar una mentalidad materialista (aplicable incluso a sus allegados, que son también vistos como “activos” de los que extraer y transferir posesiones y estatus).

Todas las “personalidades improductivas” constituyen una forma de escapismo, una huida hacia el otro, una evitación de la responsabilidad individual que entraña orientarse al logro de la propia libertad. Todas ellas, no obstante, exhiben rasgos constructivos, positivos y potencialmente orientables a la productividad.

En conclusión, ninguna persona debiera quedar reducida a una etiqueta. Sin embargo, la categorización de Erich Fromm enfatiza la importancia de considerar la estructura de las personas para, lejos de encorsetarlas o estigmatizarlas, arrojar luz sobre su modo de funcionamiento y promover su libertad. Del enfoque de Fromm puede concluirse, en términos psicoterapéuticos, que la estructura del paciente debiera siempre tenerse en cuenta, ya que explica su comportamiento, con independencia de que cumpla los criterios diagnósticos de un trastorno de la personalidad.

Referencias:
Fromm, E. (2007). El miedo a la libertad. Paidós Ibérica.
Fromm, E. (2012). Del tener al ser. Fondo de Cultura Económica.
Fromm, E. (2014). El arte de amar. Paidós Ibérica.

Articulo escrito por:

Diego de la Guerra.
Psicólogo Sanitario
Terapeuta en la Unidad de Psicoterapia y Personalidad (UPP) de FUNDIPP.

Erich Fromm