La autora Ida Momennejad (@criticalneuro) combina filosofía y ciencia para comprender la memoria: desde sus fundamentos materiales y modelos matemáticos hasta la interconexión de la memoria individual y colectiva, y cómo dan forma al yo y al futuro. El 8 de Abril de este año, publica un artículo en “El salón filosófico”, donde expone una serie de reflexiones sobre la lógica de la memoria, las cuales se exponen a continuación.
- Ninguna memoria existe en el vacío. Recordar es siempre recordar algo más y recordar otro algo más y otra cosa más. Estas cascadas de asociaciones y recuerdos sustentan las profundidades de nuestra psique, a partir de las cuales nuestras mentes echan raíces y tallos. Estas raíces fundamentan y mantienen la continuidad de nosotros mismos, de nuestra vida interior.
- Recordar es ser. Recordar es la práctica de ser algo, de ser alguien, a lo largo del tiempo. “Recordar algo (se souvenir de) es al mismo tiempo recordarse a sí mismo (se souvenir de soi) ”. Es la práctica de ser alguien que permanece, alguien a quien se le brinda la oportunidad de permanecer, convirtiéndose en él mismo, una y otra vez, incluso cuando lo interrumpe la opresión o la violencia.
- ¿Por qué recordamos? Recordar es alimentar las raíces que sostienen la propia continuidad como persona, como yo, en el tiempo. Este yo siempre está arraigado en el suelo de la comunidad, donde todas las raíces están en conversación. Recordar es alimentar las raíces que sostienen nuestra continuidad como comunidades en el tiempo: remodelándonos, siempre en diálogo, negociación, devenir, incluso cuando nos interrumpan la opresión o la violencia.
- ¿Por qué recordamos?Recordar es más que revivir el pasado; es una forma de honrar y perpetuar nuestra cultura, nuestros antepasados y nuestro propio pasado, influyendo así en nuestra identidad. No se trata solo de repetir, sino de crear y reconstruir activamente el pasado. La memoria no es simplemente almacenar recuerdos para recuperarlos más tarde, sino una capacidad para generar nuevos recuerdos.
- La materialidad de una vida no está limitada a las fronteras del cuerpo. Estamos conectados unos con otros, incluso después de la muerte. Ser recordado por otros es la forma en que los muertos persisten en la mente y el corazón de los vivos. Para los muertos, su existencia se encuentra en las historias que dejaron atrás, más que en su materia física. A través de la memoria colectiva, los muertos continúan viviendo en nosotros, y nosotros nos convertimos en los custodios de su legado.
- El corazón de la revuelta de Antígona es la necesidad de honrar la memoria de los muertos, de enterrar el cuerpo de su hermano muerto. Creonte prohíbe los ritos funerarios de Polinices, creyendo que la verdadera muerte es el olvido. Antígona desafía esta orden, buscando honrar y mantener viva la memoria de sus seres queridos. Está dispuesta a arriesgar su vida para llevar a cabo los ritos funerarios en público. El duelo, para Antígona, es una forma de resistencia contra Creonte, ya que representa la prolongación de la vida de los fallecidos a través de la memoria. Su historia ilustra la radicalidad del dolor y la importancia de mantener un vínculo vivo con aquellos que hemos perdido.
- Si no llegamos a llorar al mismo ritmo que las atrocidades y las pérdidas, el trauma se apodera de la memoria.
- El trauma interrumpe el recuerdo. Se infecta y se aloja en recuerdos benignos, de forma silenciosa, lenta y con el tiempo. Altera la cadena de asociaciones que se arrancan, las raíces que se alimentan, el todo que ya no permanece.
- Cuando el recuerdo se ve interrumpido por un trauma, las raíces se ramifican, mueren, se corrompen y la continuidad se fractura. El trauma afecta tanto a la mente como al cuerpo, rompiendo la armonía entre ellos y a menudo no se recuerda de manera consciente. El cuerpo puede retener el trauma incluso cuando la mente lo evade, lo que puede llevar a una disociación entre el recuerdo y la experiencia. Esto puede reducir el sentido de continuidad personal y la sensación de control sobre el propio futuro. La persona puede sentirse desconectada de su línea temporal anterior y puede perder el sentido de propiedad sobre su propia experiencia.
- La memoria es falible porque está viva. La memoria humana es un proceso dinámico que cambia y se adapta. Aunque su materialidad es biológica y química, sigue la lógica tanto de la narrativa y el mito como la de las células. Las redes neuronales que forman la base de la memoria no siguen simplemente la lógica del pensamiento racional, sino que también están imbuidas de significado. La materia y el significado están entrelazados en la memoria humana.
- La lógica de la memoria es la piedra angular de nuestro mundo interior. La memoria construye espacios emocionales y mentales como hogares, santuarios y lugares de experimentación. Su lógica se asemeja a la de los mitos, con un «inframundo» donde se almacenan recuerdos no procesados, incluyendo calamidades y monstruos. La falibilidad y la dependencia del contexto de los recuerdos pueden hacer que uno mismo y sus acciones sean opacos y falibles tanto para uno mismo como para los demás.
- La lógica de recordar es que cada recuerdo es una puerta a otro, y muchas puertas pueden conducir a un recuerdo determinado.
- La lógica del recuerdo es que cómo nos hace sentir un recuerdo depende de la puerta por la que llegamos a él. No sentimos lo mismo al recordar un mismo recuerdo.
- La lógica de la memoria es que reforzamos los recuerdos cada vez que los volvemos a visitar. Fortalecer un recuerdo a menudo significa olvidar un poco de sus vecinos, haciendo que las puertas hacia otros recuerdos sean más difíciles de abrir. Este fenómeno se conoce como olvido inducido por la recuperación. Es crucial recordar y honrar los recuerdos vecinos para evitar un desequilibrio entre la memoria y el olvido.
- En la lógica de la memoria, dos más dos no son cuatro y dos menos dos no siempre son cero. A veces, más de la misma experiencia la hace menos memorable, y muy poco de otra la hace más.
- El trauma es un asalto a la memoria.El trauma puede desencadenar un dolor abrumador y duradero, transformando por completo la percepción y la identidad de uno mismo. La adición de experiencias traumáticas puede resultar en un trastorno de estrés postraumático complejo, que altera fundamentalmente quién uno es. La recuperación del trauma puede implicar la resiliencia y la transformación personal, pero el individuo que emerge puede ser fundamentalmente diferente del que era antes del trauma.
- La propaganda es una guerra contra el recuerdo: recordar quiénes somos, quiénes contamos como seres humanos y vivos. Es un asalto a la memoria.
- ¿Qué queda cuando sobrevivimos? ¿Qué sobrevive y qué muere? No es lo mismo la que sobrevive que la que fue interrumpida por el trauma. Ella, cuyo recuerdo fue violentamente interrumpido, no queda. [experiencia censurada—silencio]
- No recordamos de forma aislada. La memoria es una práctica colectiva. La memoria exige ser expresada para mantenerse viva. Los recuerdos no sobreviven en una isla.
- La lógica de la memoria exige articulación. Ser expresado. El silencio como estrategia de supervivencia no garantiza la permanencia. Quien elige permanecer en silencio no sobrevive realmente. En la sociedad actual, el silencio no solo es considerado criminal, sino también autodestructivo. Aquellos que permanecen en silencio pueden perder su autenticidad y su capacidad de desear, sacrificando su propia identidad en el proceso.
- El cuerpo no se queda en silencio. Si la memoria no se habla, habla a través del cuerpo. La rabia, los ataques de llanto, el insomnio, la pérdida del deseo, la posesión.
- Hay crímenes contra la memoria y crímenes contra la memoria colectiva.
- La curación del trauma requiere la reparación de recuerdos violentamente perturbados, individuales y colectivos. Recordar frente a un borrado violento requiere valentía. Requiere comunidad, articulación, expresión. La que vuelve tras la reparación todavía no es la misma que una vez fue.
- “El propósito del propagandista es hacer que un grupo de personas olvide que otros grupos de personas son humanos”. La propaganda busca deshumanizar a ciertos grupos al negarles el derecho al duelo y a los rituales de luto. Esto borra la evidencia de su humanidad y niega su dignidad como seres humanos. Por lo tanto, el ataque de la propaganda a la memoria es también un ataque a nuestra propia humanidad.
- “¿La vida de quién te han socializado para que no le veas ningún valor?”. La guerra no solo divide a las poblaciones entre los afligidos y los no afligidos, sino que también plantea la pregunta de qué se considera una vida digna de ser llorada. Una vida que no puede ser llorada quizás nunca haya sido realmente vivida ni valorada como tal.
- La lógica de la memoria no es lineal. No hay pasado que ya no esté ni futuro que no esté aquí. Recordar es ser un viajero en el tiempo. Estar deslizándose a través del tiempo en cualquier momento, a varios puntos en muchos pasados y futuros posibles.
- La lógica de la memoria es que el pasado es maleable; no terminado, no determinista. Cada vez que recordamos, cambiamos algo del pasado. Cada vez que recordamos creamos nuevos pasados que, dependiendo de la puerta por la que hayamos llegado a ellos, se ramifican hacia nuevos futuros.
- La lógica de la memoria es que hay infinitos pasados. Cada momento tiene infinitos pasados y futuros infinitos, y recordar es el vehículo para viajar en el tiempo a través de todo.
- El olvido es un regalo para el viajero en el tiempo. Sin él, quedaríamos sepultados bajo la proliferación de pasados y futuros infinitos, y podríamos perder cualquier sentido de continuidad. El olvido es un recordatorio de lo que se ensaya, lo que se repite, lo que se crea a martillazos y lo que se ignora, se abandona, se marca para la destrucción, se borra. “Hacer las paces es olvidar. Para conciliar es necesario que la memoria sea defectuosa y limitada”.
- La ciencia trata la memoria como un tema de investigación empírica. Exploramos la memoria desde múltiples perspectivas: realizamos experimentos, escaneamos cerebros, y estudiamos la biología de las células. Sin embargo, la lógica de la memoria no solo se encuentra en lo práctico y lo empírico, sino también en lo mitológico. Tanto el mito como el logos están presentes en las mismas células que forman la memoria. El trauma, por ejemplo, puede ejercer una influencia mitológica sobre la memoria, imponiendo una narrativa única que domina sobre otras interpretaciones. La materia de la memoria trasciende estas categorías, disolviendo sus límites estrictos.
- La lógica de la memoria es similar a la lógica del viaje en el tiempo en un multiverso. La capacidad de cambiar el pasado no solo afecta al futuro inmediato, sino que también tiene implicaciones en un sentido más amplio que abarca todas las líneas temporales y universos alternativos. Esto plantea la pregunta sobre la naturaleza de esa entidad que se extiende a través de infinitos pasados y futuros, y qué término la describe adecuadamente.
- Honrar la memoria cambia el curso de eso, esa red de posibilidades de ser cada vez más ramificadas y en constante expansión. El duelo es radical, porque tiene el poder de remodelar «eso». Tan infinitamente inmenso como es.
- La lógica del duelo es la lógica de la memoria. Puedes huir, puerta tras puerta, tan lejos como puedas. Pero no importa lo lejos que te alejes de la habitación donde vive el dolor, siempre hay una puerta, un portal que te llevará de regreso a ella.
- Cada vez que visitas a los sujetos del duelo no eres el mismo. El recuerdo tampoco. Tú evolucionas. Juntos. Despacio. Con el tiempo. Ya sea para curarse o hacia las profundidades de la locura.
- La lógica de la memoria es mitológica. La memoria alberga un inframundo donde residen recuerdos no procesados y olvidados, creando un imperio del olvido. Este inframundo demanda rituales y sacrificios para evitar que monstruos aún más grandes surjan y oscurezcan la realidad, acechando en las sombras sin previo aviso.
- El inframundo genera pesadillas. El duelo es un proceso que persigue, posee y se expresa a través de nuestras palabras y acciones hasta que honremos todas las calamidades y muertos, remodelando así el pasado y el futuro para reconocer la humanidad como digna de duelo. Es radical y tiene el poder de transformar nuestra comprensión de quiénes son dignos de ser llorados y reconocidos como valiosos en tiempos de guerra y conflicto.