El New York times publicó el pasado 7 de noviembre este artículo sobre el suicidio, los intentos de suicidio, como detectarlo y como actuar antes ellos, además de una serie de datos estadísticos y estudios al respecto en EE.UU.

Mi familia no es ajena al suicidio y a los intentos de suicidio, pero no somos únicos.

Les relataré dos casos:

  • Mi sobrino de 20 años recibió una carta de su esposa explicando que no podía continuar siendo su pareja, él respondió yendo a su habitación, allí se disparó en la cabeza, murió.
  • Un querido tío, que había sufrido durante años severas depresiones que alternaba con distintas manías, visitó un viernes la clínica psiquiátrica, su próxima cita era el lunes siguiente. En lugar de acudir, tomó todas las pastillas que había en la casa y se tumbó en una roca en el muelle donde esperó hasta que la muerte lo visitara. Afortunadamente, la policía lo encontró aún con vida, tras ser hospitalizado le diagnosticaron y trataron por desorden bipolar, vivió hasta cumplir 80 años.

El suicidio aventaja en número al homicidio en EE.UU. Cada 13 minutos alguien en este país muere por su propia mano, es la décima causa de muerte en el país (42.773 suicidios en 2015) y la segunda entre los que tienen entre 15 y 34 años. Además entre jóvenes de 10 a 14 años el ratio de suicidio ha alcanzado la misma cifra que muertes por accidente de tráfico.

Según el Centro de Control y Prevención para Enfermedades más de un millón de adultos – un 8% de estudiantes de instituto – tratan de quitarse la vida cada año. Todavía hoy solo unos pocos reciben el tipo de tratamiento y atención necesarios que les alejaría de repetir un nuevo intento de suicidio.

Una creencia común, pero altamente errónea es que las personas que sobreviven a un intento de suicidio normalmente no volverán a intentarlo. No solo es falso, sino más bien es justo lo contrario. Incluso durante el periodo que va desde los tres meses siguientes hasta el año del primer intento, la probabilidad de que vuelva a repetirlo es mayor, y la cuestión es que a veces lo consiguen.

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Recientemente se han comparado investigaciones que analizan suicidios consumados con otros que tuvieron intentos previos. Se ha determinado que 1 de cada 25 consigue su fatal objetivo a los 5 años.

Actualmente, un nuevo estudio revela como de letales son las tentativas de suicidio como factor de riesgo para acabar completando el suicidio. El estudio está liderado por el Dr. J. Michael Bostwick, psiquiatra en la Clínica Mayo, tras analizar y observar todos los intentos de suicidio ocurridos en un condado de Minnesota entre enero del 86 y diciembre de 2007; y registradas todas las muertes por suicidio desde hace 25 años, se ha determinado que 81 personas de las 1490 que trataron de suicidarse – un 5,4%) -murieron por suicidio, de ellas 48 lo hicieron en el primer intento. Los resultados fueron reseñados en el Diario Americano de Psiquiatría.

Si se tienen en cuenta todos aquellos que mueren por suicidio, incluyendo aquellos que lo consiguen en su primer intento, la media de fatalidad de  tentativas de suicidio está cerca del 59%, mayor que aquellos que previamente se refirieron.

El Dr. Bostwick explicaba en una entrevista que “nadie ha incluido a las personas que murieron durante su primera tentativa de suicidio registrada, porque no está en su historia médica” y añadió que “casi dos tercios terminaron en un  médico forense tras su primera tentativa, lo cual es sorprendente. Por tanto, necesitamos replantear cómo mirar los datos y el fenómeno del suicidio, pensar para conocer más y hacer más por aquellos que completarán el suicidio antes de que lleguen a nosotros en busca de algún tipo de ayuda”.

El estudio mostraba además que las probabilidades de morir por suicidio son 140 veces más altas cuando se utiliza una pistola que cualquier otro método. El Dr. Bostwick dijo que la mayoría de las tentativas de suicidio son actos impulsivos, con lo cual resulta crítico prevenir el acceso a herramientas o armas que terminen por convertir ese impulso de suicidio en muerte.

Según sus palabras “Los intentos de suicidio tienen con frecuencia segundas intenciones o pensamientos,  pero cuando el método empleado es muy efectivo, como una pistola, no hay tiempo para reconsiderar la situación”.

En un editorial titulada “tú pocas veces consigues una segunda oportunidad tras un disparo” el Dr. Merete Nordentoft, Especialista en Salud Mental de Copenhague junto a otros coautores escribían que  “un acto suicida es el resultado de un estado temporal de la mente”. Si a esto le añadimos la alta letalidad que produce un disparo, el resultado es fatal, de ahí que insten a tomar medidas restrictivas legales para que esa disponibilidad a la hora de adquirir un arma no sea tan rápida y sencilla. Directrices como una solicitud de permisos, esperas por un tiempo determinado, depósito seguro, revisión de antecedentes, registros, medidas que han sido vinculadas al descenso de la media de suicidios por arma de fuego.

Nordentoft escribió que “la mayoría de la gente que intenta suicidarse cambia de opinión” y añadió que “con frecuencia un arma de fuego no da segundas oportunidades, ni opciones para cambiar de opinión, o  tiempo para que la atención médica llegue”. Por consiguiente, la alarma en los Estados Unidas viene dada debido a las 21.175 personas que murieron en 2013 tras suicidarse utilizando un arma de fuego, el 51%.

En el mismo estudio de Minesota se señala que los hombres tienen 5 veces más probabilidades de morir por suicidio que las mujeres, además es más factible que utilicen una pistola.

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Por otro lado, es tan importante prevenir que un suicidio sea letal, como prestar atención a los signos previos e indicativos de suicidio, y en consecuencia a la toma de acciones apropiadas para ahuyentarlo. La gente que está deprimida, que abusa de sustancias como el alcohol, las drogas ilegales o que tienen dificultades serias en sus relaciones deben ser consideradas de alto riesgo.

En la práctica los doctores Catherine Goertemiller Carrigan y Denis J. Lynch escribieron en el periódico Primary Care Companion de clínica psiquiátrica que se debe prestar más atención a la salud mental de los pacientes y es que “más de un 90% de las personas que cometen suicidio tienen diagnosticada alguna enfermedad psiquiátrica al tiempo de su muerte.

Los psiquiatras necesitan también prestar más atención a las enfermedades físicas. Se ha hallado que “más del 50% de los pacientes con afecciones mentales albergan enfermedades médicas no reconocidas que pudieran haber contribuido a su deterioro mental”. Y sin embargo, menos de uno de cada cinco psiquiatras realizan de forma rutinaria exámenes físicos a sus pacientes.

Pero con más frecuencia, la familia y amigos son en su mayoría lo que están en mejor posición para poder detectar un suicidio en potencia y actuar en consecuencia, llevando a cabo los pasos necesarios para que este no se produzca.

En cuanto a cómo detectarlos, la depresión, el abuso de sustancias o realizar declaraciones (verbales o escritas) del tipo “estaría mejor muerto”, además de retirarse o hacerse a un lado respecto a familiares o amigos, son algunos signos. También, sentirse desamparado, desesperanzado, enfurecido, atrapado, excesivamente culpable o avergonzado, perder el interés en todo tipo de actividades, actuar de forma impulsiva o imprudente o incluso el hecho de regalar posesiones preciadas serían otras.

Debemos tomar a la persona y nuestras sospechas de forma sería, buscar inmediatamente ayuda profesional, incluso cuando esa persona se resista. Salvo que seas un profesional de la salud mental no debes asumir que hablando con él o ella puedes impedir la tentativa de suicidio.

Concluyendo, el Dr. Bostwick señala que para aquellos que piensan en el suicidio, las posibilidades de suicidarse se reducen considerablemente cuando se programa una o más citas de seguimiento, y aún más si la persona las mantiene y acude a ellas.

Por Jane E.Brody

Traducida por Fundipp.

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