RAFAEL SANTANDREU

Aunque el ser humano se empeñe en cambiar el curso de la naturaleza, la inmortalidad sería un tormento. Aceptar la pérdida de un ser querido consiste en no ver su fallecimiento como un hecho negativo.


Putas, drogas y ‘rock and roll’. Mi plan está trazado. Lo primero que haré es solicitar un gran préstamo personal a La Caixa, mi banco de toda la vida. Por supuesto, no lo pienso devolver jamás. ¡Ellos ya tienen demasiado! Acto seguido, iré a la mejor agencia de alquiler de coches de Barcelona y me pediré un Ferrari Testarossa o un Bugatti, no sé, algo que corra mucho y que mole todavía más. Obviamente, no lo pagaré nunca; ni lo retornaré.

El siguiente paso será comprar entradas para los mejores conciertos del mundo: los Rolling Stones, U2, Sting, Metallica… estén donde estén: Nueva York, Río de Janeiro…

Y, claro, no podrá faltar la droga: cocaína, LSD, éxtasis, peyote… De todo y en cantidades generosas. Hasta llegar, señoras y caballeros, al momento final.

Después rugirá el motor del Ferrari. Sonará en el estéreo ‘Highway to Hell’ de AC/DC. Y allí, rodeado de la Naturaleza, en lo alto de una gran montaña de mi Pirineo querido, diré adiós al mundo. Al ritmo de los ‘riffs’ de Angus Young, le daré gas al acelerador y me lanzaré a toda velocidad hacia el precipicio. ¡Hasta aquí llego Rafael Santandreu! ¡Ahí os quedáis!

No ha pasado nada malo. Suicidio, muerte, cementerio, final, kaput… A la sociedad actual -tan locamente articial- no le gustan estos temas. Sin embargo, a mí sí.

Lo que acaba de leer es la descripción de lo que será mi suicidio, si es que algún día lo cometo.

¿Por qué no hablar de nuestro propio fallecimiento si es lo más natural del mundo? La psicología cognitiva nos enseña que la muerte es nuestra aliada y que todo trabajo de desarrollo personal pasa por amigarse con ella, comprenderla como algo natural y benéfico: algo hasta hermoso.

En una ocasión vino a verme a mi consulta una mujer, Laura, que llevaba dos años deprimida por la muerte de su marido. Le asolaba una combinación de aguda nostalgia y sentimiento de culpabilidad. Ella conducía el coche en el día del funesto accidente. Se salió de la carretera y ahí, en segundos, su amado Pablo se fue.

Desde entonces su vida era de una tristeza total.

-A Pablo no le ha sucedido nada malo- le dije.

Laura hizo una mueca de extrañeza. Y proseguí:

-Ha tenido 40 años gloriosos. Y, como las moscas que viven siete días, ha volado, ha vivido y, fulgurantemente, ha reventado en los aires. La vida es hermosa aunque, en muchos aspectos, incomprensible para nosotros.

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Articulo extraído de la pagina web. https://www.elmundo.es/vida-sana/mente/2017/04/14/58e8fbd0468aebe15f8b45d6.html. Bajo el titulo. Amigarse con la muerte es posible. Articulo publicado por. Rafael Santandreu. Para. www.elmundo.es. Con fecha. 14-04-2017.