Colaboración, no sustitución.

Nadie tiene duda de que la mayor parte de las demandas de atención primaria, tienen un componente psico(pato)lógico. Cuando esté indicada, la incorporación de la implementación de psicoterapia por parte de aquellos profesionales con entrenamiento específico para ella, es un asunto de relevancia y que está trayendo un debate por la complejidad e intereses que pueden y están entrando en colisión en este asunto.

Os dejamos la visión publicada recientemente sobre esta temática con la que nos sentimos muy identificados.


La necesidad de cuidarse, practicar la resiliencia, conseguir empoderar(se), gestionar nuestras emociones, aprender a conciliar o tender a una vida armónica son algunas de las expresiones que han conquistado nuestro lenguaje. En palabras de Millás1, el lenguaje nos hace suyo y es cruel cuando se mete en nuestra cabeza y empieza a encontrar lugares comunes.

Un lugar común, que sostiene esas reconocibles expresiones, sería la necesidad de ayuda psicológica profesional como tratamiento a nuestras derivas, en ocasiones planteado como una opción (casi) universal que difumina la singularidad de lo individual y de lo humano. Son palabras que también encuentran vasos comunicantes con los tan frecuentes malestares de la vida que atendemos en nuestras consultas de Atención Primaria (AP). Malestares que tienen que ver con el poder neoliberal para conquistar nuestro lenguaje y, también, la realidad social, económica, familiar y geográfica en que se vive.

Todo lo nuevo suele tener algo de lo viejo, de lo pasado y de lo pendiente. En este sentido, en los últimos años se había convertido en una demanda el incorporar profesionales de psicología a los centros de AP y una promesa-oferta de las personas dedicadas a la gestión2. Y ahora, ante esta situación pandémica del SARS-CoV-2 que vivimos, volvemos a escuchar ecos de esta demanda.

Antes de reflexionar sobre la pertinencia de la incorporación de profesionales de psicología en AP, convendría recordar que, en las últimas décadas, los servicios sanitarios han trabajado con una excesiva orientación hacia el diagnóstico y tratamiento del sufrimiento emocional que han transformado en enfermedad mental, lo que ha derivado en la hipertrofia de las etiquetas diagnósticas y del intervencionismo con la medicalización de la vida como principal efecto yatrogénico de este abordaje.

El sufrimiento emocional es frecuente en las personas que acuden a la consulta, aunque es habitual que la complejidad y la incertidumbre vital y clínica hagan que lo bio-psico-social quede entrelazado en una madeja difícil de separar. Pero este puzle de tres piezas (bio-psico-social) nos permite, a su vez, evitar la fragmentación del cuerpo y de la mente, y atender/cuidar sin alejarnos en exceso de la persona en su contexto familiar, laboral y comunitario.

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Articulo extraído de la pagina web. https://amf-semfyc.com/web/article_ver.php?id=2885. Bajo el titulo. Profesionales de psicología en un centro de Atención Primaria. Colaboración, no sustitución. Articulo publicado por .Elena Serrano Ferrández Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria EAP Encants. CAP Maragall. ICS. Barcelona. Grupo de Reflexión y Acción del FoCAP (GraFoCAP). Para www.ams-semfye.com.