¿Qué debo hacer?

En ocasiones, la ansiedad puede alertar de la presencia de una psicopatología.       

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Por ejemplo, la ansiedad característica de las fobias emerge ante un tipo de estímulo concreto (e.g. las arañas), mientras que la ansiedad generalizada opera con relativa independencia del contexto y de la situación.

Los esfuerzos por evitar estas preocupaciones y situaciones agravan el problema y alimentan los pensamientos irracionales de la persona, generándole sentimientos de indefensión, impotencia y desesperanza. Un despido, un proceso de divorcio, un problema familiar, una enfermedad crónica, un fracaso académico…Todo ello puede resultar pesado y, llegado el momento, ser la gota que colma el vaso y que precipita un problema de ansiedad.

Variables como la cultura, la personalidad y las experiencias vitales condicionan las características del malestar que experimentamos. Así, cada persona sufre una ansiedad concreta que gestiona de un modo determinado. Esta ansiedad responde a una causa particular y se ve influenciada por la actitud, la personalidad y los principios del que la padece. Además, factores culturales como las creencias, el nivel educativo y los valores de la persona condicionan su comprensión y gestión de la ansiedad.

Por ejemplo, destacamos la estigmatización de los problemas psicológicos en ciertas culturas, palpable en los prejuicios que tildan de débiles a los pacientes por el hecho de pedir ayuda. Esto hace que muchas personas prescindan del tratamiento y eviten comentar sus dificultades por sentimientos de vergüenza, lo que agrava el problema.

Así, la sociedad moldea el síntoma y le confiere una expresión particular, llegando incluso a generar los llamados síndromes culturales: desórdenes psicológicos propios y exclusivos de determinadas culturas; es decir, patologías cuyo principal desencadenante es la cultura. Este hecho alerta de que ciertos hábitos, creencias y formas de vida atentan contra nuestro bienestar y nos arrebatan el espacio necesario para verbalizar, entender y solucionar nuestras problemáticas.

Llevándolo a lo particular, una persona introvertida, que no encuentra mucho disfrute en las relaciones sociales, podrá tender al aislamiento para evitar confrontar las cuestiones que le generan ansiedad, mientras que, por otro lado, una persona más extrovertida, con una personalidad más teatral, podrá tratar de evadirse a través del ocio nocturno, incluso del consumo de sustancias que anestesien temporalmente su malestar. Supongamos que la primera persona perdió a un familiar querido, lo que precipitó un cuadro de ansiedad que, agravado por el aislamiento, ahora le hace temer salir a la calle. Supongamos que la segunda persona tiene problemas familiares y una personalidad inestable que le empuja a consumir para evadirse de la ansiedad: distintos problemas con distinta solución. Dadas las diferentes personalidades, herramientas y circunstancias de estas personas, nos encontramos ante casos diferentes.


Articulo escrito por: Diego de la Guerra
Psicólogo General Sanitario
Terapeuta en la Unidad de Psicoterapia y Personalidad FUNDIPP

cómo se manifiesta la ansiedad