La palabra inglesa self se traduce en psicología como sí mismo, y es un constructo utilizado por diversas escuelas psicológicas, como la psicología social, la psicología cognitiva, el psicoanálisis, el humanismo o la Gestalt, entre otras.

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Según el enfoque teórico o el campo de estudio que decide la definición adquirirá diferentes significados, pero de forma genérica se refiere a las creencias, conceptos y representaciones subjetivas que tiene la persona sobre sí misma (autorreferencia).

Self también se puede traducir al español como el prefijo “auto” englobando conceptos como autoestima, autopercepción, autoconciencia, autoimagen, autoconcepto, autoevaluación, autodeterminación, etc, procesos cognitivos referidos al grado de consciencia que tenemos sobre nosotros mismos.

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En la experiencia del yo, las interacciones con los otros son de vital importancia apareciendo después de que el niño empieza a utilizar el intelecto para mirar lo que los otros ven, sienten que le dicen de sí y de su cuerpo infantil. De modo que el yo está ligado a la experiencia y la presencia del otro. A través de la mirada, el niño empieza a intelectualizar la imagen que percibe del otro sobre sí mismo, esta nueva conciencia de ser le otorga la capacidad de pensar sobre sí mismo y hacerse una representación mental de lo que es.

Noga Arikha filósofa e historiadora de las ideas, miembro asociado del Instituto Warburg (Londres) e investigadora asociada del Institut Jean Nicod de la Ecole Normale Supérieure (París), ha sido autora de varios libros como History of the Humours (2007) y, más recientemente, The Ceiling Outside: The Science and Expierence of the Disrupted Mind (2022). En su último libro, actuando como una espectadora anónima, recoge varias historias y vivencias de pacientes durante 18 meses en una clínica de neuropsiquiatría. En cada sesión con los pacientes, pretende entender cómo el yo se estudia a sí mismo y cómo se pierde a sí mismo. En este proceso de análisis con pacientes clínicos, su madre comienza a desarrollar signos de demencia. La autora describe como su perspectiva de estudio va cambiando ya que ahora era es ella la familia del paciente, sintiéndose indefensa ante el inevitable desmoronamiento de su pariente más cercano. Describe esta experiencia como desconcertante y devastadora. Sus preguntas sobre el yo y la pérdida del yo se vuelven aún más conmovedoras al ver lo que queda de su madre y todo lo que empieza a desaparecer. También empieza a comprender mejor a los pacientes y las historias que escribe para su libro. Cada historia le ayuda a comprender mejor el proceso de deterioro cognitivo en su madre.

Noga define el yo como un proceso, más que como un estado.

El yo es aquello que progresivamente se va diferenciando de otros yos sin los cuales no existiría, mientras permanece en constante y dinámica interacción con esos otros y, a través de los sentidos, el sentido del tacto lo considera uno de los más importantes. En palabras de la autora “sentimos a los demás a través de nuestra piel, que también marca nuestro límite con el mundo”. Tanto la psicología, como la filosofía han tratado durante mucho tiempo -la vista-, como la modalidad principal de los sentidos, pasando por alto de manera crucial el hecho de que nuestra interacción con el entorno comienza, en el útero y luego al nacer, el tacto es crucial en cualquier ser humano.

¿Qué queda en el individuo cuando empiezan a aparecer patologías neurodegenerativas y el yo se desdibuja?.

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Tras un proceso de enfermedad neurodegenerativa se pierden los recuerdos, la identidad y, en muchos casos, hasta la esencia de la persona, pero hay algo que no se pierde: la memoria afectiva, esa de la que tanto oímos hablar y que se puede resumir en una única palabra -amor-. La enfermedad borra recuerdos, pero nunca borra los afectos. En psicología se entiende por memoria afectiva “el sentimiento con una carga emocional especial que reaparece cada vez que se recuerda una experiencia previa significativa.” 

Una fuente de seguridad y anclaje al presente cuando el self empieza a perderse podría ser el sentido del tacto; por ejemplo, un abrazo de un ser querido y/o significativo podría provocar en el paciente un momento de conexión con alguna parte de sí mismo a través de su memoria afectiva. Parafraseando a la escritora estadounidense Cassandra Clare: “Somos todos los trozos de lo que recordamos. Tenemos en nuestro interior las esperanzas y los temores de aquellos que nos aman. Mientras haya amor y memoria, no existe la auténtica pérdida.”

 


Bibliografía:
https://psyche.co/ideas/the-philosophy-of-selfhood-became-real-when-my-mother-got-dementia 
https://www.neuronup.com/neurorrehabilitacion/enfermedades-neurodegenerativas/enfermedad-de-alzheimer/
https://www.neuronup.com/estimulacion-y-rehabilitacion-cognitiva/enfermedades-neurodegenerativas/enfermedad-de-alzheimer/los-restos-de-un-naufragio-memoria-afectiva-y-alzheimer/

Recopilado, traducido y resumido por:
Ángela Fernández Garcia
Psicóloga General Sanitaria de FUNDIPP
CA- 01141


Articulo extraído de la pagina web https://psyche.co/ideas/the-philosophy-of-selfhood-became-real-when-my-mother-got-dementia

el sentido del tacto