El Mindfulness es una práctica para entrenar la atención en el momento presente. Podemos pensar que en nuestro día a día escuchamos y prestamos atención cuando nos hablan pero realmente en muchas ocasiones solo oímos y no escuchamos, como se ha mencionado en la entrada del blog “Escuchar con plena consciencia” (Dorrance Hall, 2017) mantener la atención plena es más difícil de lo que podemos creer.

Hoy en día es muy frecuente escuchar este término porque diversas investigaciones científicas están revelando los numerosos beneficios de esta práctica en el campo de la Psicología.

El creador del Mindfulness fue Kabat-Zinn en 1970 y define la atención plena en función de 3 pilares, prestar atención en el momento presente, ser consciente de los pensamientos y emociones que nos vienen a la cabeza y no juzgarlos.

Así, somos conscientes de esos pensamientos, los aceptamos e intentamos volver a poner el foco de atención en el ejercicio. Esto requiere de práctica y entreno y se puede practicar a diario, en cualquier momento y en cualquier lugar.

El entrenamiento en Mindfulness previene el deterioro del funcionamiento cognitivo, ayuda en la regulación emocional, tiene efectos positivos en la disminución de la rumiación, sobre los pensamientos automáticos y sobre la disociación. De manera que fomenta el bienestar psicológico y es una herramienta muy útil para poner en práctica en nuestro día a día. También hay terapias psicológicas que utilizan el Mindfulness como un elemento central del tratamiento, por ejemplo, la Terapia Cognitiva basada en la atención plena (MBCT) para tratar a personas con depresión. Como se ha mencionado en la entrada del blog “Mindfulness, la terapia meditativa que alivia pero no cura” (Anchía, 2019), se ha corroborado la efectividad del Mindfulness al nivel de los fármacos en el tratamiento de la depresión. Aunque la mayoría de investigaciones recomiendan combinar esta práctica junto con fármacos para obtener una mayor efectividad. Otro ejemplo es la Terapia Dialéctica Conductual (DBT), que se utiliza en la intervención del suicidio y más comúnmente en el Trastorno Límite de la Personalidad.

Este entrenamiento de la atención plena también es muy útil en pacientes con dolor crónico y enfermedades crónicas como vimos en el artículo publicado en el blog “El mindfulness podría aliviar el dolor crónico” (Europa Press, 2019) ya que hay evidencias de que esta práctica ayuda a reducir los niveles de dolor y la ansiedad y el agobio que provoca haciendo más llevadero ese dolor. También es útil en personas con ideación suicida, personas con problemas alimentarios como la bulimia o anorexia y también se han visto beneficios en personas con déficit de atención y/o hiperactividad (TDAH).

Asimismo, se recomienda su práctica en la población general por sus múltiples beneficios sobre el estado de ánimo, en la reducción de pensamientos negativos, de síntomas ansiosos y depresivos, en la mejora de la flexibilidad cognitiva y en consecuencia, por su influencia en el aumento de la calidad de vida.

Esto nos lleva a reflexionar sobre el estilo de vida que tenemos en nuestra sociedad, donde nos obligamos a ser productivos y aprovechar el tiempo al máximo y como consecuencia vamos con prisas a todas partes. De manera que pasamos la mayor parte del tiempo pensando en todo lo que tenemos que hacer y nos olvidamos de centrarnos en lo que estamos haciendo, el presente. Por eso, la práctica del Mindfulness busca que seamos conscientes de lo que estamos haciendo fomentando una mente más calmada. Siguiendo esta línea, existen movimientos sociales basados en esta práctica como el “Mindful Drinking”, del cual hemos hablado en el artículo “¿Qué es y por qué debes conocer el movimiento Mindful Drinking? (De la Prada, 2018).

Este movimiento surge ante el problema del consumo excesivo de alcohol en jóvenes, siendo en la mayoría de casos un consumo excesivo y sin control por presión social. Por lo que el objetivo es plantear un consumo de alcohol consciente y responsable. Así podemos ver cómo el Mindfulness no solo tiene utilidades en el ámbito clínico sino que está presente en muchas áreas de nuestra vida cotidiana.

REFERENCIAS



Sofía Bolado García

Graduada en Psicología (Universidad Europea del Atlántico)
Cursando el Máster de Psicología General Sanitaria (Universidad Europea del Atlántico)