La ansiedad es una respuesta del organismo frente a peligros reales o percibidos.      

Su objetivo es prepararnos psicológica y fisiológicamente para actuar rápidamente y neutralizar con éxito una situación amenazante.

Se trata de un estado de anticipación de daños que nos permite prevenirnos de consecuencias desagradables.

A diferencia del miedo, la ansiedad no es una respuesta emocional a un peligro inminente, sino una señal de alerta que permite anticipar y prevenir amenazas futuras. Tiene que ver entonces con lo que uno presiente que puede ocurrir, con lo que uno percibe que puede llegar a atentar contra su bienestar.


Sin embargo, nuestras expectativas e intuiciones no siempre suponen una ventaja.

En niveles proporcionales al peligro real de la situación, la ansiedad resulta adaptativa y favorece el cese de la situación estresante, cumpliendo una función protectora.

No obstante, cuando existe un estado de ansiedad desproporcionado y persistente nuestro bienestar se ve comprometido y nuestro funcionamiento empeora.   Por tanto, si la activación es excesiva, prolongada o no presenta una causa aparente, es probable que estemos ante un problema de ansiedad.

Los síntomas de la ansiedad son muy variados, destacando la presencia de:

  • Preocupaciones excesivas y anticipación de escenarios desagradables.
  • Sensación de inquietud y nerviosismo, de peligro inminente y de debilidad o cansancio.
  • Dificultades para concentrarse o dejar la mente en blanco.
  • Fatiga y problemas de sueño.
  • Sudoración, respiración acelerada, taquicardia y temblores.
  • Molestias musculares, estomacales y/o dolores de cabeza.

Los sudores fríos, la tensión muscular, la sensación de nudo en el estomago, de falta de aire, la expectativa de que algo terrible va a ocurrir, los despertares nocturnos acompañados de exaltación e insomnio…Todos ellos indicios de un cuadro de ansiedad.

Las personas que lo padecen se preocupan por no poder detener los síntomas, tendiendo a evitar las situaciones o personas que generan o aumentan su malestar  (lo que termina por limitar su actividad y empeorar la problemática).

A este respecto, los trastornos de ansiedad se diferencian de la ansiedad transitoria (generalmente producto del estrés) en que se prolongan en el tiempo. La ansiedad es un síntoma presente en multitud de trastornos psicológicos, pero sólo adquiere el papel protagonista en los llamados trastornos de ansiedad.

Algunos de los más destacables son los siguientes:

  • Trastorno de Ansiedad Generalizada: ansiedad excesiva, persistente y difícilmente controlable sobre diversos acontecimientos o actividades, que se relaciona con varios síntomas de sobreactivación fisiológica.
  • Fobia social: ansiedad intensa que surge específicamente cuando la persona se expone al juicio o la valoración de los demás, temiendo que se percaten de sus síntomas ansiosos o ponerse en evidencia.
  • Trastorno de Angustia: presencia de crisis de angustia o ataques de pánico inesperados y recurrentes, acompañados del temor a que persistan y terminen condicionando la vida personal.
  • Agorafobia: ansiedad generada por espacios y situaciones que el paciente percibe como peligrosos, ya que sus características le harían difícil recibir ayuda en caso de una crisis de angustia (transporte público, quedarse solo en casa, las multitudes o los espacios abiertos).

Para ser diagnosticado de un trastorno de ansiedad se necesita cumplir varios criterios, por lo que experimentar cierta ansiedad social o angustia, por ejemplo, no es suficiente. La frecuencia, cantidad e intensidad de los síntomas, así como el tiempo que la persona lleva experimentándolos son cuestiones determinantes en un diagnóstico.

Pero, ¿Qué origina en primer lugar la ansiedad? .

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Aunque experimentar situaciones traumáticas promueve la aparición futura de problemas de ansiedad, éstos no siempre se originan por este motivo, sino que pueden deberse a un estrés intenso sostenido en el tiempo, a la existencia de una personalidad determinada que predisponga a padecerlos, al consumo de alcohol u otras sustancias y a la presencia de una enfermedad médica (como el hipertiroidismo) o un trastorno mental (como la depresión).


Articulo escrito por: Diego de la Guerra
Psicólogo General Sanitario
Terapeuta en la Unidad de Psicoterapia y Personalidad FUNDIPP

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