El TLP y el TDAH son patologías frecuentes y altamente comórbidas en población adulta. La impulsividad, la desregulación emocional y el deterioro interpersonal son manifestaciones presentes en ambos trastornos, lo que dificulta el diagnóstico diferencial.
En comparación con el TLP, el TDAH en adultos se caracteriza por rasgos impulsivos más elevados, mientras que el TLP plantea mayores niveles de desregulación emocional. La presentación simultánea de ambos trastornos conlleva síntomas graves en ambas dimensiones.
Aunque la edad de inicio se considera un criterio discriminativo entre el TDAH (un trastorno del neurodesarrollo de inicio temprano) y el TLP (un trastorno psicológico de inicio tardío), esta distinción comienza a cuestionarse. Además, la elevada comorbilidad entre ambos desórdenes (que, se estima, puede ascender al 38% de los casos) y el mantenimiento, en el 50% de los casos, de los síntomas del TDAH llegada la adultez, ponen de relieve la necesidad de concebir y abordar la práctica clínica desde un enfoque dimensional.
A este respecto, la detección temprana del TDAH en población infantil es sumamente relevante para prevenir las consecuencias de un trastorno que, de no abordarse tempranamente, no sólo repercutirá en el presente del niño que lo padece, sino también en el futuro del adulto en que se convertirá. Una entrada reciente del blog aborda esta misma temática: https://fundipp.org/que-les-ocurre-a-los-ninos-con-tdah-cuando-se-hacen-adultos/).
Por otro lado, si la impulsividad y la desregulación emocional predisponen al malestar psicológico, la presentación conjunta del TLP-TDAH y la falta de un diagnóstico temprano son los ingredientes perfectos para un cóctel más bien agrio. La elevada prevalencia de problemas de salud mental entre niños y jóvenes (capitaneados por el ingente número de casos de conducta suicida, ubicada como principal causa de muerte no natural entre los jóvenes) atestigua la importancia de detectar, diagnosticar y tratar preventivamente: https://fundipp.org/salud-mental-y-suicidio/
Cabe recordar, a propósito de estos recientes hallazgos, criterios diferenciales y útiles para la comprensión y el diagnóstico diferencial de estos trastornos:
Naturaleza de la sintomatología:
El TLP se caracteriza por la inestabilidad emocional, la rápida fluctuación del humor, la impulsividad, los problemas de identidad y las dificultades en las relaciones interpersonales. Por otro lado, el TDAH se caracteriza por las dificultades atencionales, la hiperactividad y la impulsividad.
Áreas de afectación:
Como trastorno de la personalidad, el TLP afecta principalmente a la esfera emocional, identitaria y relacional, mientras que el TDAH repercute negativamente en la atención, la concentración y el control de impulsos.
Historia de la problemática:
El TLP se configura definitivamente en la adolescencia o adultez temprana. Como todo trastorno de la personalidad, su curso da cabida a la mejora, pero los síntomas suelen mantenerse a lo largo del tiempo, ya que son producto de un self fragmentado. En contraste, el TDAH suele diagnosticarse en la infancia y los síntomas de inatención, hiperactividad e impulsividad pueden variar más notablemente a lo largo del desarrollo evolutivo.
Impacto en la cotidianidad:
Ambos trastornos generan, a su manera, un impacto significativo en la vida diaria de la persona. Por ejemplo, las relaciones y el estado de ánimo de una persona con TDAH pueden verse afectados, pero más como efecto que como causa de las dificultades atencionales y de la concentración. En el caso del TLP, la desregulación del afecto es lo que puede repercutir negativamente en el desempeño laboral y relacional, condicionando negativamente la concentración. Aunque las mismas áreas del funcionamiento se vean comprometidas, el engranaje interno y la circularidad causal de los síntomas difieren.
El TLP y el TDAH son trastornos que, a la luz de las últimas investigaciones, se prestan especialmente al equívoco. Su elevada comorbilidad, la semejanza de algunos de sus síntomas fundamentales y el frecuente mantenimiento de ambos cuadros llegada la edad adulta, hacen de la evaluación dimensional y concienzuda la mejor de las alternativas.
Referencias:
Weiner, L., Perroud, N., & Weibel, S. (2019). Attention Deficit Hyperactivity Disorder And Borderline Personality Disorder In Adults: A Review Of Their Links And Risks. Neuropsychiatric disease and treatment, 15, 3115–3129.
Diego de la Guerra
Psicólogo Sanitario
Fundación para la Investigación en Psicoterapia y Personalidad (FUNDIPP)