¿Qué es la psicoterapia post-racionalista?.

En primer lugar, el postracionalismo es un modo de comprender el funcionamiento humano, que -en complemento a una mirada racionalista- incorpora la vivencia emocional (subjetiva) que atraviesa la experiencia de cualquier ser humano, en tanto su modo de comprender al mundo, de comprenderse a sí mismo, y a la interacción entre ambas instancias.

Todo esto en un contexto socio-histórico particular: la  postmodernidad; es decir, hablamos de un enfoque que se reconoce alineado a «nuestros tiempos».

Acotado a lo propiamente clínico, la terapia postracionalista propone un modo de trabajo que responde en gran medida a la epistemología constructivista, en donde el propio usuario o cliente es entendido como un organizador de su experiencia personal problemática (sufrimiento), mediado por la orientación de un terapeuta formado para aquello, dándose esto, como en toda forma de psicoterapia, sobre la base de una relación terapéutica.

Este enfoque nace en Italia, país nativo de su fundador, el fallecido psiquiatra Vittorio Guidano(1944 – 1999), quien,  partir de la integración de conocimientos filosóficos, psicológicos, bio-médicos y científicos, nos hereda un novedoso desarrollo en el que se acuñan conceptos como el de Organización de Significado Personal, u «OSP», que hace referencia a modos o estilos de funcionamiento psicológico más o menos estables, que permitirían  identificar, comprender y abordar a un paciente desde su naturaleza compleja, con un «mapa de ruta» específico, cercano a lo que desde la epistemología bio-médica tradicional llamamos personalidad, aunque no son conceptos equivalentes. Guidano alcanzó a describir cuatro OSP: dápica, fóbica, obsesiva y depresiva, no obstante también llegó a manifestar que éstas podrían ser más, por lo que su desarrollo respondería a un legado inacabado, asunto coherente con el reconocimiento de que todo sistema vivo, o “toda producción de un sistema vivo” tiene una naturaleza en constante evolución o proceso.

La historia de desarrollo de un ser humano, partiendo desde su estilo de apego (sí, el mismo apego de Bowlby), considerando características de los padres y, en suma, todas aquellas experiencias socioafectivas significativas dadas durante los primeros años de vida, derivan en patrones estables de funcionamiento, y posteriores modos particulares de comprendernos a nosotros mismos y a nuestro entorno, que se sostendrían incluso en “procesos de enfermedad”, por lo que cabe aclarar que las OSP no refieren a categorías diagnósticas, sino a modos de funcionamiento que, “en salud y enfermedad”, presentan elementos distintivos, que permitirían la caracterización de estilos personales, es decir, una OSP obsesiva tendrá un «modo de sufrimiento» con una coherencia interna distinta a la de una OSP Fóbica, Dápica o Depresiva.

Así mismo, bajo la premisa de comprender al ser humano como un sistema «auto-regulado», «auto-consciente», y por ende capaz de «auto-observarse», Guidano desarrolló una técnica específica para utilizar en terapia, a la que llamó «Moviola», consistente, a modo resumido, en revisar episodios problemáticos puntales de la vida de un sujeto, como si se trataran de momentos o capítulos de una película, en los que se indica al paciente poner pausa, adelantar, retroceder, hacer zoom in, zoom out, y paneos, que permiten enriquecer, con la mayor cantidad de detalle posible, la experiencia subjetiva, para mejorar su comprensión, e incluso pudiendo generarse una reinterpretación de las experiencias, que permitan a la persona alcanzar un sentido de renovación personal, en tanto estas experiencias puntales. Esto último dado durante un proceso sistemático de psicoterapia.

La integración de la información, y sentido práctico de la terapia, sin que esta pierda profundidad, dan un sello distintivo a Guidano, quien no tuvo problema con integrar postulados de enfoques disímiles, de manera muy coherente con la forma de entender al ser humano, como este organismo en constante proceso de organización y reorganización de sí mismo, con fines adaptativos, y con la tarea permanente de dar coherencia y sentido a su experiencia, en la medida que enfrenta diversas situaciones a lo largo de la vida. Esto integra una mirada evolutiva (con base biológica), sistémica, cognitiva, y por qué no decirlo también espiritual.

Por la amplitud de la mirada y forma en que plantea la intervención, la psicoterapia post-racionalista no presenta limitaciones, en términos de quién o qué tipo de problemáticas podrían ser “objeto de atención”; todo depende de la intensidad y tiempo del proceso de psicoterapia. Sin duda, de existir comorbilidad psiquiátrica grave, no cabrá un proceso psicoterapéutico de no existir previamente una compensación de dicho cuadro, mediante el uso de fármacos, lo que debe ser llevado por un médico-psiquiatra. Recordemos que en salud mental existen también patologías crónicas. En este caso la expectativa puesta sobre la terapia es la de lograr una mejor auto-regulación, que permita al paciente un mayor sentido de bienestar y por ende una mejor calidad de vida.

Existen postulados muy propios del postracionalismo, y de las terapias derivadas de una epistemología constructivista, que se plantean al paciente en psicoterapia, como el reconocimiento de que “el experto en uno mismo es uno mismo” y no un otro (como el terapeuta, quién debe ser reconocido como un especialista en psicoterapia pero no en un otro particular), lo que es sin duda una declaración de principios y también un llamado, pues indica que la psicoterapia es un proceso dinámico, que demanda al paciente tener un rol activo, como responsable de sí, por lo que incluso la definición del alta terapéutica, es una decisión consensuada, entre paciente y terapeuta.

Respecto de la duración del tratamiento; no es lo mismo atender a una persona con problemas, que a una persona con un diagnóstico psicológico. Una depresión severa es muy distinta de una leve, y ambas situaciones son muy distintas, por ejemplo, de un despido laboral o quiebre amoroso, por lo que la duración de la terapia estará en gran medida supeditada a aquello, y por supuesto también a los recursos personales del paciente.

Estudios lo confirman desde hace varias décadas, y no es el enfoque la variable más relevante en el pronóstico de éxito o fracaso en psicoterapia, sino la relación terapéutica, «la química» que se dé entre ambos, y eso puede ocurrir con un psicólogo postracionalista, humanista, psicodinámico, cognitivo, y un largo etcétera. Lo importante es tener algunas garantías en términos de formación y experiencia del terapeuta; es importante que el paciente se informe de aquello, para eso está internet, o simplemente el «boca en boca»; cada quien encontrará la mejor forma.

Una de las ventajas del enfoque postracionalista, es que se posiciona, como se señala inicialmente, considerando elementos culturales propios de nuestro momento socio-histórico, y además, tiene la particularidad de ser muy permeable a la actualización, pues coherentemente con su concepción del ser humano, se reconoce a sí mismo, como enfoque, igualmente en proceso, lo que permite incorporar elementos novedosos y útiles que puedan derivar, por ejemplo, de las neurociencias, o de la investigación en psicología en general. El post-racionalismo no obliga a convertirlo en dogma de quien “lo tome para sí”.


Articulo enviado por José María Arriagada.

José María Arriagada Salgado
Psicólogo adolescentes y adultos
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