¿Qué tratamientos existen? ¿Cuál es la mejor opción?

Ya que no existe una sola ansiedad, el tratamiento acertado dependerá de un abordaje personalizado, que tome en cuenta la singularidad, los intereses y el carácter único del paciente. Es aquí donde entran las principales alternativas de tratamiento para la ansiedad.

Los problemas psicológicos se abordan mediante fármacos y/o psicoterapia. Puesto que la mayoría de psicoterapias trata eficazmente la ansiedad, la mejor alternativa tendrá en cuenta las particularidades y preferencias individuales. Cabe recalcar que los problemas mentales se entienden actualmente desde una perspectiva biopsicosocial, que define la salud como el resultado de la armonía entre la esfera biológica, psicológica y social de la persona; es decir, la salud no sólo tiene que ver con el bienestar físico, sino con el psíquico y el social. Cualquier problemática en una de estas áreas incide negativamente en las otras, al influenciarse mutuamente. A continuación, enumeramos los principales tratamientos de la ansiedad y resumimos brevemente sus principios.

El modelo biomédico.

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Desde esta perspectiva, los problemas de ansiedad se entienden como consecuencia de desequilibrios y alteraciones biológicas que pueden resolverse mediante la acción de fármacos que modifiquen su funcionamiento. Los trastornos de ansiedad se combaten con medicación que reduce los síntomas, al influir en la acción de los neurotransmisores implicados en los estados ansiosos (noradrenalina, serotonina y ácido gamma-aminobutílico).

La terapia farmacológica alivia el malestar generado por la ansiedad, entendiéndola como causa y no tanto como consecuencia de las dificultades de la persona. Así, se desatienden los factores psicológicos y sociales que, en primer lugar, precipitaron o influyeron en el desequilibrio de las funciones biológicas. Es por ello que no estamos ante una psicoterapia, sino ante un tratamiento farmacológico que reduce la ansiedad. La medicación debe prescribirla un médico o psiquiatra con conocimiento en la materia y su uso resulta más o menos aconsejable en función del caso. Además, puede compaginarse con la psicoterapia para mejores resultados.

El modelo cognitivo-conductual.

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La terapia cognitivo-conductual atribuye el malestar psicológico a la existencia de creencias, actitudes y pensamientos distorsionados e inflexibles. Estas interpretaciones de la realidad (que no la realidad en sí misma) son las que generan y perpetúan las emociones negativas y los problemas de salud mental.

Así, esta terapia basada en la evidencia sostiene que la ansiedad no proviene de los sucesos por sí solos, sino de la interpretación errónea que realizamos de los mismos. El tratamiento consiste en modificar nuestra forma de pensar para reducir la ansiedad, cuestionando las ideas irracionales (cognitivismo) y promoviendo una toma de acción que ponga en entredicho las creencias que mantienen el malestar (conductismo).

Esto combate la credibilidad que le damos a las preocupaciones y reduce nuestra tendencia a preocuparnos por el hecho de preocuparnos. Enfoques como la terapia metacognitiva subrayan la importancia de la metacognición, entendida como la acción de pensar sobre el pensamiento. Se trata entonces de repensar nuestros pensamientos.

El terapeuta cognitivo-conductual logra estos objetivos mostrando una disposición activa y colaboradora con el paciente, empleando la psicoeducación, la escucha activa y otra serie de técnicas que precisan una actitud receptiva y proactiva por parte del paciente.

El modelo psicodinámico.

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La terapia psicodinámica entiende el malestar psicológico como el resultado de conflictos inconscientes no resueltos. Es decir, la falta de conciencia de ciertas realidades precipita estados mentales y comportamientos patológicos. Por tanto, la terapia pretende generar en el paciente una amplitud de conciencia, una ganancia de perspectiva que le permita integrar en su narrativa los rasgos, pensamientos, experiencias y sentimientos causantes de su ansiedad.

Por ello, este enfoque no combate directamente los síntomas de ansiedad, sino los conflictos inconscientes que la generan, ya que la ansiedad no constituye el problema en sí, sino la señal que alerta del mismo. Para tratarla, el terapeuta psicodinámico explora cuestiones como los mecanismos de defensa del paciente, sus temas y patrones recurrentes, sus experiencias pasadas y sus relaciones interpersonales. Se genera un ambiente seguro y facilitador que promueve que el paciente hable espontáneamente sobre sus dificultades y los sentimientos que puedan aflorar en las sesiones.

Las terapias contextuales.

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Las terapias de tercera generación, además de reestructurar los pensamientos y conductas que originan la ansiedad, subrayan la importancia del contexto y del sentido que la persona le atribuye a su conducta. Por tanto, se da importancia a la utilidad que tiene para el paciente su forma de pensar y actuar, entendiendo los síntomas como obstáculos que atentan contra sus valores y cometidos personales.

Por tanto, el terapeuta contextual no sólo trata de reducir la ansiedad, sino también de fomentar el bienestar y mejorar el autoconcepto del paciente, reforzando sus conductas y rasgos constructivos a través del trabajo con la relación terapéutica y el lenguaje.

Un ejemplo sería la terapia de aceptación y compromiso, que promueve una relación constructiva y tolerante con una ansiedad que no debemos intentar suprimir, sino experimentar y entender de otra manera. La ansiedad es un mecanismo utilizado para rehuir el contacto con la experiencia interna que, con el tiempo, nos impide tomar acción y actuar de tal manera que podamos deshacernos de ella. Esta evitación experiencial intensifica los sentimientos de desesperanza y las conductas impulsivas, lo que termina agravando el malestar.

Otras formas de psicoterapia  emplean e incluso basan su intervención en el Mindfulness o atención plena, una técnica que centra nuestra atención en el momento presente,  ayudándonos a no juzgar nuestros pensamientos o sensaciones. La ansiedad dispersa la atención y nos ancla al futuro, mientras que la atención plena la retiene en el presente, promoviendo la autocompasión y cuestionando la importancia real de nuestros pensamientos.

Los modelos humanístico-existenciales.

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Diferentes enfoques, tales como la logoterapia, la terapia humanista y la terapia existencial conciben la ansiedad como el malestar psicológico derivado de la falta de alineamiento con nuestras verdaderas necesidades, con nuestra condición humana.    En ocasiones, la ansiedad proviene de la falta de sentido, cometido y autorrealización. Se genera cuando desoímos nuestra llamada a una acción significativa y enriquecedora. Es frente a esta ansiedad que las terapias de este tipo resultan especialmente beneficiosas, ya que enfatizan la importancia de nuestra dimensión espiritual.

El terapeuta humanista despliega una intervención caracterizada por la horizontalidad, la autenticidad, la empatía y la consideración positiva incondicional del paciente, entendido como semejante que enfrenta, al igual que uno, los interrogantes y los pesares de la existencia. Por su parte, los modelos existenciales naturalizan el malestar psicológico, entendiéndolo como el resultado inevitable de la angustia que generan realidades como la muerte, la libertad, el aislamiento y la carencia de sentido vital.


Articulo escrito por: Diego de la Guerra
Psicólogo General Sanitario
Terapeuta en la Unidad de Psicoterapia y Personalidad FUNDIPP

Qué tratamientos existen